Jueves 02 de octubre de 2014
El actual secretario general sólo quiere negociar la inclusión en la nueva ejecutiva de Jaime Lissavetzky, portavoz socialista en el Ayuntamiento de Madrid y poco más
Tomás Gómez le ha ganado el primer round a Alfredo Pérez Rubalcaba en el pulso que ambos mantienen, el primero para continuar al frente de la secretaria general del PSM y el segundo por descabalgar del liderazgo del socialismo de madrileño al ex alcalde de Parla. La elección de delegados al próximo Congreso Regional que se celebrará el mes de marzo ha puesto de manifiesto dos cosas: que el “tomasismo” continúa siendo fuerte pese a los “agujeros negros” que ha ocasionado a nivel local (véase Móstoles, Arroyomolinos o Villanueva del Pardillo) y, por otra parte, que sus opositores se han lanzado a una batalla interna sin tener munición, es decir sin candidato. Eso por no hablar de la incapacidad de los críticos de aunar un frente homogéneo- ellos mismos reconocen que cada uno hace la guerra por su cuenta- tal y como está quedando de manifiesto en las agrupaciones locales. El talón de Aquiles, por tanto, de los críticos continúa siendo carecer a día de hoy, como ya ocurriera en el proceso que enfrento a Gómez y Trinidad Jiménez (forzada in extremis por Zapatero a presentarse), de un candidato de peso y credibilidad que presentar frente a un Tomás Gómez dispuesto, al igual que paso con el ex presidente del Gobierno, a doblarle la mano al actual líder de su partido. El núcleo duro de Gómez, véase Juan Barranco, Maru Menéndez, Enrique Cascallana o José Quintana (otra cosa son los consejeros áulicos), se muestra convencido de que, de la misma manera que en las primarias con Jiménez, su líder saldrá reforzado de un proceso interno en el que sitúan como su máxima enemiga a la mano derecha de Alfredo Pérez Rubalcaba, la vicesecretaria del PSOE Federal, Elena Valenciano. La belicosidad de Valenciano quedaba patente hace unos días, cuando comenzó el “desfile” de posibles nombres como candidatos, entre ellos el de un Valeriano Gómez que intentó descartarse como opción desde el minuto uno. La todopoderosa número dos Federal zanjó el asunto volviendo a colocar, sí o sí, en la carrera al ex ministro de Trabajo. Otro dirigente que se apresuró también a salir de las quinielas fue el alcalde de Fuenlabrada, Manuel Robles. A partir de entonces los opositores de Gómez se tientan la ropa antes de filtrar un sólo nombre más, limitándose a decir que su candidato (tienen de tiempo para presentarle hasta el minuto mismo en que se de inicio al Congreso, el día dos de marzo) será fruto de “una decisión muy pensada, seria, tomada con tranquilidad” y que el elegido será alguien que conozca bien Madrid. Lo cierto es que nadie parece querer liderar una batalla cuyo resultado no está nada claro. El propio Gómez, que sí tenía diseñada la estrategia a seguir fuera quien fuera el que saliera elegido en el Congreso de Sevilla, ha mandado un aviso a navegantes a Rubalcaba respecto al proceso electoral abierto en el Partido Socialista de Madrid, diciéndole poco menos que cometería un grave error. La falta de sintonía personal y política del ex ministro y el líder madrileño es pública y notoria, tan es así que, según cuentan los “tomasistas”, tuvieron que ser los dirigentes catalanes y andaluces quienes forzaron a Rubalcaba a mantener un encuentro con Gómez finalizado el cónclave sevillano. El acuerdo entre ambos se fijó en unos términos que incluían a Jaime Lissavetzky, hombre de la absoluta confianza de Rubalcaba, en un puesto de peso en la ejecutiva del PSM, mientras que Gómez reclamaba que los suyos, Maru Menéndez, Juan Barranco y Matilde Fernández, tuvieran un hueco en la Ejecutiva Federal. Finalmente sólo la primera está en la misma y simplemente como vocal, lo que da muestra de que las espadas están en todo lo alto, otra cosa es que Ferraz esté en condiciones de doblarle la mano al ex alcalde parleño. La falta de estrategia y, sobre todo, de un candidato con tirón parecen aventurar a día de hoy que el “tomasismo” seguirá (faltan apenas dos semanas para darle la vuelta a la tortilla) marcando los tiempos en el socialismo madrileño. A lo único que parece en principio dispuesto Tomás Gómez- así lo dejó entrever su lugarteniente Enrique Cascallana- en su estrategia frente a Ferraz es a aceptar algún tipo de acuerdo para incluir a Jaime Lissavetzky, actual portavoz en el Ayuntamiento de Madrid, en la nueva ejecutiva del PSM que salga del Congreso Regional. Y poco más, el resto de los rubalcabistas tendrán que buscarse la vida por su cuenta e intentar evitar que el tsunami Tomás Gómez pueda llevarle por delante, dado que el poder de Rubalcaba después de su victoria en Sevilla sobre Carmen Chacón no parece lo suficientemente fuerte como para proteger a los suyos en la Comunidad de Madrid.