Jueves 02 de octubre de 2014
03/01/2012.- El PP pasó bastante de las enmiendas de la oposición a su proyecto de Presupuestos de la Comunidad de Madrid para 2012, que salió adelante en el Pleno parlamentario anterior a la cena de Nochebuena. Algo más de 17.000 millones de euros para gastar en atender las necesidades de los madrileños, más o menos la misma cantidad que en 2011. Para el consejero de Economía y Hacienda, Percival Manglano, son los que hacen falta en estas fechas y no sé cuántas cosas más que suenan bonito.
El PP no nos subirá los impuestos y dejará que la mano invisible del mercado se encargue, disfrazada de iniciativa privada, de gestionar colegios, centros sanitarios y demás servicios a los ciudadanos que son derechos adquiridos. Repitió la copla de los últimos años, de que son los presupuestos más sociales del mundo porque destinan casi todo a cuestiones sociales y, además, bastante austeros. Los que piden cita para el médico o solicitan ayudas de la Ley de Dependencia o para un ciudadano de 80 años saben que la teoría es una cosa y la realidad, otra muy distinta. La oposición votó en contra, cada uno por un motivo diferente. El socialista Tomás Gómez tiene muy claro que los Presupuestos de Esperanza Aguirre para 2012 son los peores de la historia de la Comunidad de Madrid. Eso mismo dice cada año. A su juicio, hay menos dinero para los ciudadanos y más para los constructores que levantaron los nuevos hospitales. Lugares comunes para denunciar lo que no gusta. Todavía queda por sacar adelante la llamada Ley de Acompañamiento, que incluye el incremento de la jornada laboral de los casi 200.000 empleados públicos, que tendrán que trabajar media hora más cada día, y la supresión del 40% que aporta la Administración regional cada vez que se dan de baja por enfermedad estos trabajadores. Los mismos de siempre tendrán que sacrificarse en tiempo de crisis, cuyos responsables parecen intocables, al menos en las leyes. Entraremos en 2012 con un panorama político diferente al dejado atrás. Nada será igual. Ya no está en la Presidencia del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero y la Alcaldía de la capital ya no está en manos de Alberto Ruiz-Gallardón. Mariano Rajoy no será acusado de asfixiar a la Comunidad de Madrid y Esperanza Aguirre pierde su gran baza de acusar al Gobierno central de todos los males. Los cientos de miles de parados madrileños ya no serán de nadie más que de las decisiones del PP, que cuando Zapatero recortaba lo denunciaba. Los sacrificados, de nuevo, echarán pestes de los que gobiernan. Ellos son los protagonistas de los presupuestos de Aguirre, y lo serán de las Cuentas del Estado que prepara el PP y que se aplicarán poco después de las elecciones en Andalucía, uno de los pocos territorios en los que las gaviotas no se han quedado en el cielo que es de todos.