OLGA HERAS

Gallardón y Botella eclipsan el poder de Aguirre

Jueves 02 de octubre de 2014
03/01/2012.- Convicción absoluta es la que tienen los socialistas y más concretamente su jefe de filas, Tomás Gómez, de que el talón de Aquiles de Esperanza Aguirre ha quedado definitivamente al descubierto con el triunfo de Mariano Rajoy y de forma subsidiaria por la pequeña o gran v i c to r i a d e Al b e rto Ruiz Gallardón como flamante ministro del gallego. Un ya ex alcalde capitalino que, según se cuenta, habría preferido ver adelgazar su nómina a cambio de dar ese ambicionado salto a la política nacional y sentarse a la diestra de la poderosa Soraya Saenz de Santamaría en el consejo de Ministros.

Sí se ha iniciado o no la cuenta atrás para Aguirre está por ver (en su partido los marianistas claman porque así sea), pero lo que las palabras de Gómez dejan meridianamente claro es que el posible escaso peso político de la lideresa madrileña en el ámbito del nuevo inquilino de La Moncloa va a ser un arma arrojadiza a utilizar a lo largo de la legislatura.

La estrategia del líder de los socialistas madrileños es sencilla: poner en solfa el perfil y poder nacional de Aguirre, mientras él se muestra a la opinión pública madrileña como el único dirigente regional que juega políticamente en primera división y es capaz de hacer sentir su peso territorial en las filas del propio partido.

Acólitos de Gómez como la ex delegada del Gobierno en Madrid y actualmente número dos en la Asamblea de Madrid, Amparo Valcarce, ha servido estos días de vocera de este mensaje y nueva imagen que el secretario general del PSM está empeñado en transmitir, aludiendo a la proyección nacional de su jefe de filas.

Un líder que guarda por el momento silencio sobre sus reales intenciones cara al próximo Congreso Extraordinario del PSOE. Tan es así que el líder madrileño no es firmante, al menos por ahora, del famoso manifiesto de los ya ex ministros de Zapatero que encabeza Carmen Chacón.

P e r o s í G ó m e z lucha por vender su carisma nacional a propios y extraños, no faltan quienes creen llegado el ocaso de la estrella de Esperanza Aguirre, principalmente sus adversarios dentro del PP, muy activos desde el triunfo de Rajoy el pasado 20-N.

Catapultado Gallardón a la política estatal y sentada Ana Botella en el sillón de alcaldesa de la Villa y Corte, el poder de Aguirre parece condenado, o así lo interpretan muchos, a eclipsarse más pronto que tarde.

La incógnita está en si la lideresa madrileña aguantará al pie del cañón toda la legislatura o sí hará discretamente mutis por el foro, pactando con la cúpula de Génova su sucesor.