RAUL HERAS

Rajoy I: el Prudente o el Poderoso

Jueves 02 de octubre de 2014

23/12/2011.- Si a los presidentes de los gobiernos de la España democrática les pusiéramos apodos, de la misma forma que antes se hacía con los reyes, desde Favila, el oso, a Carlos II, el hechizado, pasando por Felipe II, el prudente, podríamos hacerlo de la siguiente manera : Adolfo Suárez, el Atrevido; Leopoldo Calvo Sotelo, el Breve; Felipe González, el Astuto; José María Aznar, el Aguerrido; José Luís Rodríguez Zapatero, el Incomprendido; hasta llegar a Mariano Rajoy al que antes del 20-N podíamos apodar el Paciente, pero al que desde ahora y con casi todos los resultados electorales sobre la mesa ( falta Andalucía ) habrá que llamarle el Poderoso.



El líder del Partido Popular y próximo presidente del Gobierno ha conseguido con paciencia franciscana el mejor de los resultados electorales de la derecha española superando la marca alcanzada por José María Aznar en el año 2.000. Sus 186 escaños le dan una amplia y cómoda mayoría absoluta en el Congreso merced a una aritmética electoral que premia a las grandes formaciones nacionales y a las pequeñas nacionalistas, en detrimento de las terceras y cuartas fuerzas que se presentan en toda España y que sufren la pérdida de representación proporcional por los propios mecanismos de la Ley D`Hont.

El pasado 20 de noviembre el PP conseguía 10.830.693 votos, que representaban el 44, 62% de los sufragios emitidos, un porcentaje que crecía hasta el 53% en cuanto a escaños en el Congreso, una “prima” de nueve puntos por los que alcanzaba la ansiada y reconfortante mayoría absoluta. ¿Qué hubiera pasado si la representación parlamentaria se ajustara milimétricamente a los porcentajes de las urnas?: pues que se hubiera quedado en 156 escaños.

Algo parecido, pero en menor escala, le ha pasado al PSOE de Alfredo Pérez Rubalcaba: con un porcentaje del 29% en las urnas tiene una representación en la Cámara Baja del 31,5%, dos puntos y medio de “premio”. Si los escaños se correspondieran con los votos en lugar de 110 se habría quedado en 101. Vemos así como los dos grandes consiguen 30 escaños por un lado y 9 por otro merced al mecanismo electoral vigente. Los nacionalistas de CiU, PNV y Amaiur, por hablar de los que superan los cinco escaños como mínimo prácticamente tienen una representación porcentual en el Congreso que corresponde a los porcentajes obtenidos en las urnas, apenas unas décimas de diferencia.

¿Dónde se produce el gran desfase?: en las otras dos fuerzas con presencia nacional, Izquierda Unida y UPyD. En la primera de ellas, la que lidera Cayo Lara, su 1.680.810 votos y su 6,92% de porcentaje en las urnas tan sólo le otorga un 3,1% de escaños en la Cámara. Pierde en esta ecuación 13 escaños, ya que de los 24 a los que tendría derecho si se tomara el total nacional para el reparto se queda en once. En la segunda, la que lidera Rosa Díez pasa lo mismo: sus 5 escaños se habrían convertido en 16 si el millón largo de votos y su 4,69 de porcentaje electoral se hubiera trasladado al Congreso.

Tendríamos así, con otras reglas electorales más justas y ajustadas a los votos reales emitidos para cada fuerza a nivel nacional ( no olvidemos que las dos Cámaras, Congreso y Senado, tienen ese carácter ) la siguiente composición de escaños en el Congreso: PP, 156; PSOE, 101; IU, 24; UPyD, 16; CiU,16; Amaiur, 7; PNV, 5. El resto quedaría igual.

La conclusión es clara y deja patente la escasa o nula voluntad de los dos grandes partidos de cambiar las reglas de juego: ellos, PP y PSOE se benefician de los “votos perdidos” de Izquierda Unida y Unión Progreso y Democracia . Tal vez el Congreso y el Gobierno que se formase tuviera menos estabilidad o estuviera más sujeto a las negociaciones entre las fuerzas políticas, pero sería más justo en cuanto al respeto a la voluntad de los ciudadanos. Para terminar con las comparaciones: el Partido Popular obtuvo en el año 2004, el primero en el que se presenta Mariano Rajoy como candidato un 39,94% de los votos y 148 escaños, perdiendo respecto a la mayoría absoluta conseguida por Aznar 35 asientos en el Congreso. Sus cifras mejoran algo cuatro años más tarde , pese a volver a perder: alcanza el 44,51% de votos y 154 escaños, casi los mismos porcentajes que el pasado 20 de noviembre en su tercer intento de llegar a La Moncloa.

Por su parte, José Luís Rodríguez Zapatero, que consigue algo inédito en la democracia, que es “ganar a la primera”, logra en el 2004 un 42,64% de votos y 164 escaños, para pasar en 2008 a un 43,87% y 169 escaños. Y de ahí a la caída del 20-N del PSOE con Rubalcaba: 59 escaños menos, 20 puntos de porcentaje por debajo.

¿Qué se descubre a simple vista de estos números?: que el PP no gana tanto, apenas quinientos mil votos, pero que el PSOE se derrumba y pierde cuatro millones y medio de votos. Algo que debe hacer les meditar a unos y otros.

Volvamos al protagonista principal de esta historia, a Mariano Rajoy. El líder del PP se encontró con la sorpresa de una derrota inesperada tras haber sido designado a dedo por José María Aznar para sucederle. Ni los atentados contra los trenes, ni la mala respuesta del Gobierno estaban en el calendario electoral del 2004. Aguantó la pérdida y comenzó a consolidar su poder dentro del partido pese a no contar con un equipo genuinamente suyo. Se presentó así, en 2008, con la esperanza de ganar por los efectos que ya se dejaban notar por la crisis mundial del sistema financiero. Perdió y la tentación de abandonar pasó por su cabeza cuando tuvo que afrontar la decepción de los suyos desde el balcón de la sede nacional de la calle Génova.

Se convenció o le convencieron de que debía mantenerse al frente del partido e inició una profunda renovación del aparato del PP y de muchos de sus dirigentes territoriales.Renovación que culminaría en el Congreso de Valencia pese a las muchas voces que en privado e incluso en público le demandaban una oposición más dura y radical contra el PSOE y los Gobiernos de José Luis Rodríguez Zapatero.

Se mantuvo tranquilo y paciente dejando que la crisis económica trabajase a su favor desgastando a un cada vez más desnortado y frágil equipo de gobierno del rival que le había vencido dos veces en las urnas. Ya había conseguido en estos cuatro últimos años victorias importantes, aunque no fuese de forma directa y con él encabezando unas listas: había conseguido que el PP retomara el poder en Galicia, que co-gobernara en el País Vasco, que sus siglas perdieran el marchamo de ultra en Cataluña.

Y lo más importante y que presagiaba su buscada mayoría absoluta: las victorias en diez de las trece Autonomías y en 37 de las 53 capitales de provincia. Porcentajes del 70 por ciento del poder territorial y a la espera de lo que ocurra dentro de unos meses en la autonomía andaluza, una región en la que ya tiene el control de las ocho capitales.

Con el mapa de España teñido de azul, Mariano Rajoy puede sentirse satisfecho: ya nadie le discute su poder ni dentro, ni fuera de su partido; ahora le queda lo más difícil, lograr que los españoles que le han llevado a gobernar dejando al socialismo en la cuneta de la crisis no le vuelvan la espalda demasiado pronto si sus primeras y más urgentes medidas no tienen los efectos esperados. La situación de España sigue siendo muy mala en el concierto de una Europa cada vez más sometida a la tormenta de los mercados, por un lado, y a la hegemonía de Alemania, por otro. No sólo tendrá que enfrentarse y poner en marcha medidas de ajuste que van a deprimir aún más nuestra economía a cambio de unos ajustes fiscales y del déficit que nos permitan estar en esa “ Primera Europa” de la que hablan Angela Merkel y Nicolás Sarkozy.

Las cesiones de soberanía nacional que aparecen en el inmediato futuro pueden no ser muy bien aceptadas por los ciudadanos, los mismos a los que se les va a pedir más esfuerzos a cambio de menos recompensas. Habrá que ver con qué equipo afronta Mariano Rajoy su gestión de primer ministro y dónde pone el acento económico: si se limita a recortar en todo o apuesta por mantener servicios sociales que hoy por hoy garantizan en España un mínimo de seguridad para las familias y para esos cinco millones de personas que están en el paro. Un equilibrio difícil y que será el que determine si Rajoy I es y será recordado como el Poderoso, o si como dicen sus detractores y aquellos que no ven salida posible y apuestan por el desastre será tildado de Rajoy el Breve, por las presiones que se van a producir a lo largo y ancho del 2012 y que podrían llevar a soluciones como las adoptadas en Gracia e Italia, de Ejecutivos salidos de acuerdos parlamentarios y al margen de la voluntad de las urnas.