Jueves 02 de octubre de 2014
24/11/2011.- Que la derrota es huérfana es sobradamente sabido y los socialistas lo escenificaban con toda crudeza la noche de autos del pasado domingo, cuando pasadas las diez de la noche el candidato Alfredo Pérez Rubalcaba se retrataba literalmente sólo para admitir, que no asumir, una debacle sin precedentes. Ni rastro, no ya de la cúpula socialista, si no de los dirigentes del PSM (entre ellos su presidenta, Delia Blanco, para más señas número siete de la candidatura), dada la condición del derrotado de cabeza de cartel por Madrid.
Un pequeño detalle que ha pasado desapercibido en el maremágnum de un tsunami nacional que ha colocado al PSOE al borde del abismo con los peores resultados de su historia.
Diluido, por tanto, el batacazo autonómico madrileño en la escena nacional, el líder del PSM, Tomás Gómez (en línea, bien es verdad, con el resto de barones autonómicos, véase Patxi López o Carmen Chacón), ha hecho lo posible por omitir la constatación de que el socialismo continúa en caída libre en la Comunidad de Madrid, hasta el punto de que el partido del puño y la rosa sólo ha conseguido imponerse en la región a los populares en dos pequeños municipios: Fuentidueña y Navarredonda-San Mamés.
El escaso predicamento político del que goza en estos momentos el socialismo madrileñó ha hecho que ni siquiera las localidades de la zona Sur, otrora bastión del partido de Pablo Iglesias, hayan aguantado el vendaval. Un desafecto ciudadano que se ha materializado en toda su dimensión en el que fuera feudo de Tomás Gómez, donde la candidatura madrileña ha sufrido un sonoro descalabro, concretamente de 21 puntos respecto a las anteriores generales de 2008, superior al del resto de localidades de esta área metropolitana.
Ante tan dramático retrato electoral y político llama poderosamente la atención que Gómez se haya limitado a colocar la pelota de la derrota en el tejado de la dirección Federal de su partido, a la que ha venido a reclamar, con toda lógica, un “punto y aparte”. Es más, como ya es habitual en el líder madrileño, ha vuelto a reclamar se deje en manos de la militancia la elección de un nuevo secretario general.
Gómez, que apoyó abiertamente a Carmen Chacón ante unas primarias, luego fallidas, para elegir candidato, quiere convertirse de nuevo en adalid de este proceso en la plaza madrileña, algo que ha suscitado las primeras críticas de una parte de la militancia socialista del PSM, deseosos de cobrar su jefe de filas el fracaso del PSOE en Madrid tanto en las municipales y autonómicas de mayo como en estas generales.
A día de hoy, sin embargo, pese a la urgente necesidad de reinventarse del partido de Pablo Iglesias, ni el derrotado Rubalcaba y mucho menos el líder madrileño parecen dispuestos a inmolarse en la pira de la responsabilidad política, más bien todo lo contrario. Uno y otro quieren jugar, el ex ministro de Interior en primera línea y Gómez no desvela por ahora sus intenciones, un papel decisivo en el futuro de un PSOE que fía su recuperación no tanto a un liderazgo fuerte sino a la incapacidad del PP para superar la crisis.