Jueves 02 de octubre de 2014
Tenía motivos Cristiano Ronaldo para quejarse después del partido ante el Dinamo de Zagreb por las entradas que había recibido, aunque su calentura le llevara a decir esa frase tan desacertada de “me silban porque soy rico, guapo y muy bueno”, que no le va a beneficiar en nada. La sangre en el tobillo del futbolista portugués era una buena prueba de lo que había tenido que aguantar en el partido.
Siempre hay que perseguir el juego duro y criticar a los árbitros que no son capaces de evitar entradas desmesuradas. Pero una cosa es criticar la pasividad arbitral en ciertas acciones y otra volver a caer en el discurso victimista de “ya estamos acostumbrados a esto”, “a otros les defienden y a nosotros no” que no creo que vaya a beneficiar a los blancos.
Mal vamos, si desde el primer partido europeo de la temporada, estamos con la cantinela de que la UEFA nos persigue, Platini nos tiene manía, y dando a entender que al Madrid le tratan peor que a otros. Es cierto que el máximo dirigente del organismo europeo no estuvo muy afortunado cuando dijo aquello de que a Messi le protejen los árbitros, pero de ahí a querer pensar en teorías conspirativas para frenar al Madrid en Europa hay un mundo. En Zagreb no hubo más que un equipo que debutaba en su estadio en la Champions después de 12 años, que no quería verse arrollado por el conjunto de Mourinho y que para impedirlo se empleó con mucha dureza. Y un mal árbitro que permitió demasiado. Algo tan viejo como el fútbol.
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