13/09/2011.- Maremoto que las pasadas elecciones municipales y autonómicas provocaron en los ayuntamientos de la región, prácticamente copados desde los comicios mayo por gobiernos del PP, ha dejado un escenario municipal de perfil bajo y con una clase política que, en unos casos por el desconocimientos del medio local de los nuevos alcaldes y en otros por una oposición que no termina de acomodarse a la pérdida del poder, se encuentra desnortada.
Más de uno de los flamantes equipos de gobierno parece no encontrarle el pulso todavía a la gestión municipal, lo que se traduce, por más e improvisados paños calientes que se quieran poner, en un cierto guirigay de la política local, que en los últimos tiempos afronta sorpresivos cambios de concejalías – en el Ayuntamiento de Getafe el área de Participación Ciudadana, como denuncia la oposición, ha conocido en menos de tres meses otros tantos responsables-, o destituciones de directores de área para los que todavía no hay relevo.
Sonadas están siendo también algunas de las “coladuras” de quienes han estrenado el bastón de mando, sin ir más lejos el regidor de Leganés, Jesús Gómez, que se ha visto obligado a entonar el mea culpa tras confundir la web municipal con la de su partido. Por lo demás, poco mordiente en la política con mayúsculas de la vida municipal, salvo los sobresaltos que están causando en los regidores populares los pufos dejados por sus predecesores, en algunos casos como el de Alcorcón realmente cuantiosos.
La herencia del hoy diputado regional y ex alcalde alcorconero, Enrique Cascallana, puede decirse que tiene en un auténtico sin vivir al actual alcalde de este municipio, David Pérez, que tiene realmente difícil hacer frente a tanto acreedor.
Volcados en cuadrar las cuentas y en sofocar los conflictos laborales causados por los “tijeretazos” presupuestarios- el de Villalba, con la supresión del 20 por ciento del personal interino, puede ser de los más sonados- una gran parte del poder municipal del PP no sólo carece de proyección pública, si no que está necesitando el tutelaje de su partido para tomar las riendas de sus ayuntamientos. Labor que lleva a cabo el secretario general del PP de Madrid, Francisco Granados, en los últimos meses omnipresente en los municipios de la región.
Otro tanto es aplicable a los partidos de la oposición de los ayuntamientos madrileños, el papel de Izquierda Unida hasta ahora puede resumirse en un no sabe y no contesta, mientras que los socialistas parecen perdidos en su particular laberinto, que no es otro que el mirar de reojo el desastre que ellos mismos se vaticinan en las próximas elecciones generales.
Además de las peleas internas por liderar los restos del naufragio en los pasados comicios, Leganés es paradigma de ello, el socialismo madrileño tiembla ante una derrota- según sus sondeos, el PSOE podría no pasar de los 120 escaños en la cita con las urnas del 20-N- que dejaría el partido prácticamente hecho jirones.
Así las cosas, es lógico que la vida municipal no forme parte, salvo ciertas excepciones, del horizonte inmediato de los representantes locales del Partido Socialista, que como en el caso del PP sólo se sabe de su existencia cuando su jefe de filas, Tomás Gómez, hace acto de presencia (en ello sigue la misma línea de Granados) en uno u otro municipio.