RAFAEL G. PARRA

El Faraón quiere unos Juegos

Jueves 02 de octubre de 2014

28/07/2011.- Alberto Ruiz Gallardón no quiere tirar la toalla de los juegos Olímpicos y ahora va a intentarlo, por tercera vez, para el año 2020, cuando se supone que ya no será alcalde, aunque nunca se sabe. Cuando llegó al Ayuntamiento él mismo pensaba que era el último peldaño hasta la cumbre del PP y de la Presidencia del Gobierno español, pero todo se le ha torcido y ahí sigue.



Los que conocen bien a Gallardón creen que lo que le pierde es su individualismo y su altanería, que hace que su equipo personal se limite a dos o tres personas de confianza, dispuestos a hacer todo por su jefe sin la mínima protesta. De su vicealcalde Manuel Cobos se dice en broma que es “su esclavo” y de su jefa de comunicación, Marisa González, la “chica para todo”. A estas dos personas de su total confianza hay que sumar a la concejala de Urbanismo, Pilar Martínez, y, como mucho a la ex concejala de obras, Paz González, a la que ha nombrado presidenta del Pleno del Ayuntamiento. Los demás no existen para Gallardón.

El alcalde de Madrid prefiere las alianzas por arriba, inter pares, que soportar a la plebe de su partido. Por eso eligió el camino de hacerle la pelota a José María Aznar nombrando a la esposa de éste, Ana Botella, número tres del Ayuntamiento de Madrid, con el objetivo cantado de que fuera su sucesora cuando él ascendiera a los cielos del PP. El problema es que Rajoy por un lado y Aguirre, por otra, le han cegado ese camino sin dejarle ninguna posibilidad. Nunca va a dar la batalla por miedo a perderla y sólo espera que algún día los militantes del PP vayan a a buscarle para llevarle en volandas a la Presidencia.

Pero si en política, Gallardón no ha podido pasar de alcalde de Madrid, en cuestiones de dinero los grandes empresarios le consideran como el rey Midas y el político que más dinero les ha hecho ganar con sus grandes obras: el Faraón de Madrid, el Rey del Cemento, el Gran Obrón, son algunos de los apodos que le dedican los grandes constructores como su amigo Florentino Pérez, Rafael del Pino (Ferrovial), Esther Koplowitz (FCC), Juan Villar Mir (OHL) o los Entrecanales (Acciona), que se han llevado la mayor parte de los 6.000 millones de deudas que ha acumulado el Ayuntamiento madrileño en los ocho años que lleva el dirigente popular en la alcaldía.

Y como las obras no se pueden parar porque los amigos de Gallardón perderían el negocio, el alcalde se inventó la candidatura de Madrid a los Juegos Olímpicos, con la que pretendía justificar sus obras faraónicas e incluso aumentarlas. Lo intentó para 2012, lo que supuso un gasto superior a los 50 millones de euros, solo en viajes, invitaciones a los miembros del Comité Olímpico, publicidad, etc. Perdió y se volvió a animar a presentarse para 2016, lo que costó otros 40 millones de euros.

La derrota fue tan amarga que nadie creía que podría volver a intentarlo, pero las constructoras insisten y Gallardón vuelve a la carga para 2020, prometiendo, eso sí, que el coste de la candidatura va a ser la mitad que la anterior, unos 20 millones de euros, y que la mayor parte va a salir de las empresas privadas.

En definitiva, Gallardón no sabe bien cuál va a ser su futuro, que solo puede mejorar si Rajoy se diera un trastazo en las próximas elecciones, cosa bastante difícil, pero en cambio el alcalde sabe que el negocio tiene que seguir adelante para que sus patrocinadores no le vuelvan la espalda.




otras opiniones
>>