RAUL HERAS

Tres líderes a los que no voy a votar

Jueves 02 de octubre de 2014

13/05/2011.- No pienso votar ni a Rodríguez Zapatero (coloque cada uno de los lectores al posible sucesor/a del líder socialista), ni a Mariano Rajoy, ni a Cayo Lara, por mencionar sólo a los tres líderes de formaciones nacionales, desde el PSOE a Izquierda Unida y dejando al resto, incluida Rosa Díez a un lado. La razón es muy simple: no se presentan a las elecciones del día 22 de mayo, no son candidatos, no me toca elegir entre ellos, ni siquiera para plantearme si acudo a las urnas, voto en blanco o le doy mi confianza a alguno de ellos.



Por respeto a los candidatos a presidentes autonómicos y alcaldes que se presentan ante los ciudadanos no podemos, ni debemos, ni sería justo que les premiáramos o les castigáramos por cosas ajenas a ellos mismos. No creo que los miles de candidatos del Partido Socialista tengan que recibir en su trasero la patada que más de uno quisiera propinar al Gobierno central en la persona de su presidente, o el premio por parte de los que consideren que se ha hecho una buena labor en estos últimos tres años. Ni creo que los miles de candidatos del PP tengan que recibir para bien o para mal en sus carnes políticas las opiniones que se tengan del ejercicio de la oposición. Es más, en los municipios debería primar la labor de los alcaldes y candidatos en ese ayuntamiento, al margen de las opiniones respecto a las candidaturas regionales sean del color que sean.

Diferenciar cada elección y lo que los ciudadanos nos jugamos en cada una de ellas es o sería el mejor síntoma de salud democrática, al margen del momento político y económico que se viva. La mezcla puede resultar más sencilla y partidista, pero poco práctica y útil en el fondo y en la forma. Cada uno de nosotros, los votantes, podemos estar en total acuerdo o desacuerdo con el candidato de este o aquel partido en unas elecciones generales y podemos votarle o no, pero si trasladamos de forma mecánica ese juicio a las candidaturas autonómicas y municipales estaremos simplificando de tal manera nuestros juicios y elecciones que terminaremos por mezclar actuaciones, proyectos y personas en perjuicio de las más elementales normas democráticas.

En la Comunidad de Madrid, por poner ejemplos concretos, sería tan injusto castigar a los alcaldes populares de Móstoles o Pozuelo porque no nos guste Esperanza Aguirre o Mariano Rajoy, como lo sería en el caso de Alcorcón o Fuenlabrada por no gustarnos Tomás Gómez o José Luís Rodríguez Zapatero. Y lo mismo digo si hablamos de Rivas y no nos gustan Gregorio Gordo o Cayo Lara. Creo que lo de votar a ciegas a un partido u a otro, sin analizar lo que ofrecen y representan sus candidatos concretos en el tiempo y en el lugar en el que estamos es un error. Puede valer o servir a los militantes más convencidos, que votan a su formación pase lo que pase, pero no a la inmensa mayoría de los ciudadanos, que pueden tener sus simpatías previas por una u otra opción, pero que lo que desean es verse bien gobernados y bien gestionados por encima de los colores partidistas.

A mi familia y a mis amigos, que viven y vivimos en distintos municipios, regidos por alcaldes de distintos signo político, les he dicho lo mismo: que en lo municipal miren a los candidatos al Ayuntamiento, que no se dejen llevar por lo que piensen y deseen a nivel autonómico, y mucho menos por lo que crean y deseen a nivel nacional, que ya llegará el momento de cada cosa. Y que si tienen que elegir papeletas distintas – en caso de que decidan ir a votar – que lo hagan, que no se sientan culpables. Ni que crean que engañan o son infieles a la persona o al partido al que han elegido para uno u otro cargo. Que se puede votar a Esperanza Aguirre y a Pedro Castro, o a Tomás Gómez y a Luís Partida, o a Gregorio Gordo y a Pepe Masa. Por hablar de tres de los alcaldes que más carisma han demostrado a lo largo de los años. Y que se puede votar municipalmente y no autonómicamente, que las obligaciones, deseos y opciones las escogemos nosotros, y que mientras no se cambien las leyes electorales y podamos tachar nombres de una lista, lo que si podemos hacer es escoger la lista que queremos de forma independiente. Que tan lícito, democrático y útil es escoger el mismo color para todo, que buscar el arco iris. Incluso en más de una ocasión el multicolor es muy recomendable. Y si nos equivocamos, dentro de cuatro años corregimos, que esa es una de las cosas buenas de la democracia, que permite cambiar.

Votemos sin miedo y sin complejos. Votemos a los candidatos que se presentan, que es el respeto que debemos darles y tenerles. Dejemos fuera a los futuros candidatos en las elecciones generales. Si nos gusta Aguirre. Votemos a Aguirre y no a Mariano Rajoy; y si nos gusta Gómez o Gordo démosles nuestro voto sin pensar en Zapatero o Lara. Les confesaré mis propias opciones a día de hoy : de aquí a marzo del año que viene, como muy tarde, mis tres papeletas van a ser distintas. Y estoy tan contento.




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