18/04/2011.- El vicepresidente primero del Gobierno y ministro del Interior es el único dirigente socialista de los que llegaron al poder con Felipe González que conserva y ha aumentado su poder. A las puertas de los sesenta años, con su doctorado en Químicas por la Universidad Complutense, Alfredo Pérez Rubalcaba es un superviviente. Capaz de enfrentarse dialécticamente con cualquier adversario, escudado siempre en una sonrisa y en la ironía, conocedor de todos los secretos, portavoz del Gobierno en 1993 y ahora; colaborador de Javier Solana en el Ministerio de Educación en el primer gobierno del PSOE tras la reinstalación de la democracia; imprescindible en la victoria de Rodríguez Zapatero en 2004 junto a José Blanco tras ganarse la confianza del líder pese a su apoyo a José Bono en el 35 Congreso Federal; guía de Carme Chacón en la llegada de la dirigente catalana a Madrid y luego rival en sus aspiraciones sucesoras...
Tiene casi todas las cartas para convertirse en el contrincante de Mariano Rajoy en las próximas elecciones generales pese a los continuos ataques que recibe por su pasado y su presente en la lucha antiterrorista. El Gal y el Faisan se cruzan en su camino y ensombrecen los indudables éxitos que lleva cosechados contra ETA. Tras ser diputado durante 18 años por cuatro provincias, incluyendo su Cantabria natal, le apoya la vieja guardia y aquellos dirigentes del PSOE que creen que es la mejor baza de la que disponen para intentar una victoria ante el PP o por lo menos una derrota honrosa. Si dentro de dos meses es elegido candidato apenas dispondrá de tiempo para cambiar lo que dicen las encuestas. Tendrá que recordar sus tiempos de corredor de cien metros lisos, cuando representaba a los colores del Celta de Vigo de atletismo y lograba unos muy buenos diez segundos y nueve décimas.
Sus adversarios y enemigos, que los tiene y muchos, le equiparan con Fouché, aquel ministro del Interior que sobrevivió a la Revolución francesa y a todas las purgas que siguieron a la toma de La Bastilla. Sus amigos, que los tiene y muchos, dicen que es tan inteligente como para saber retirarse a tiempo, tan familiar como para cuidar de los suyos, y tan comprometido con sus colores políticos como para sacrificarse en aras de una derrota que todos o casi todos pronostican.