Jueves 02 de octubre de 2014
Nunca pensé que una persona de la trayectoria y la capacidad de Messina fuera a tirar la toalla a mitad de la temporada dejando al Real Madrid de baloncesto en una situación delicada. De un técnico como él, con su experiencia y sus éxitos, se espera que sea capaz de sobreponerse a los malos momentos buscando y proponiendo soluciones a los problemas puntuales que aparezcan, y no que vaya a pasar a la historia como el primero que presenta la dimisión en la larga historia de la sección merengue.
La verdad es que a día de hoy nadie sabe muy bien porque ha decidido el italiano dar ese paso. No parece que en el plano deportivo hubiera muchos motivos. El equipo ha llegado a la final de la Copa, va segundo en la liga y tiene al alcance de la mano meterse en la final a cuatro de la Euroliga por primera vez en muchos años. Su única explicación ha sido la de “buscar la unidad” que es una razón tan simplista como desear la paz en el mundo. ¿Qué unidad? ¿Acaso el vestuario estaba dividido? ¿Cree que la afición iba a dejar de estar al lado del equipo porque el otro día protestara por la derrota ante Siena en un partido intrascendente? Se intuye que debe haber alguna razón de más peso pero con su silencio lo único que provoca es que la impresión que quede es que ha dejado al equipo tirado.
Lo cierto es que cuando la sección estaba en el camino de formar un proyecto esperanzador, aunque aún le hacían falta algunos retoques, se ha encontrado con que la persona que parecía idónea para comandar a ese grupo, ha provocado un “campo atrás” a su propio equipo que le hace partir otra vez casi de cero y le deja en un peligroso estado de indefinición.
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