02/02/2011.- Hay que ver qué mala suerte tiene este Gobierno. Bueno, este Gobierno y la cohorte negociadora. La euforia por alcanzar un acuerdo con los interlocutores sociales (¿por qué coño les llamamos interlocutores sociales?) en materia de pensiones le ha durado un pispás. Los de la EPA, que deben ser gente empeñada en aguar las fiestas ajenas, van y dicen que aquello que se decía de…no hombre…¿como vamos a llegar a cuatro millones de desempleados?…eso sería un desastre…y tal (¿se acuerdan?), era una broma.
Vamos derechitos a los cinco millones. Y si no crecemos en 2011 –que pudiera pasar perfectamente- al final de este año igual estamos hablando de 6 millones ¿Que no?
Así es que todos, Gobierno, patronal y sindicatos se ponen tan contritos ellos y mandan al ministro de Trabajo a que haga unos equilibrios imposibles que ya provocan náuseas: …bueno…sí…ejem…es un mal dato, pero estamos a punto de tocar fondo y además, el consenso en sí mismo en su mismidad es un éxito…y esto y lo otro…y toda esa mierda. Y dejamos de hablar del éxito tramposo de las pensiones para regodearnos en lo desgraciados que somos por pasar de ricos a miserables en un par de años, que hay que joderse por qué me tiene que pasar a mi esto y no a los alemanes, los franceses o los italianos...y tal y cual y pascual.
En esas, me pregunta un muchacho de unos 25 o 30 años que qué me parece que debería él hacer. Largarte cuanto antes, le digo. Largarte a un sitio en donde haya ilusiones por hacer cosas, por mejorar la sociedad, por vivir mejor, etc, es decir lo mismo que queríamos aquí cuando teníamos 25 o 30 años. Porque, si no, todo esto lo pagarás tu: lo pagas ya con no tener trabajo y lo pagarás mañana porque no te podrás jubilar. Lejos, a donde aún se pueda creer que hay futuro; aquí esa generación está amortizada.
Les aseguro que si esto fuera Egipto, Túnez o Yemen, yo también saldría a la calle.