23/12/2010.- No se despega de su sonrisa, habla como si sus interlocutores necesitasen de demasiadas explicaciones, su sentido didáctico, metafórico y preñado de citas, unas bíblicas y otras del acerbo popular resulta, a veces, cargante, pero creo que ni siquiera repartiendo abrazos y relojes consigue, a estas alturas de la vida, que la gente no le conozca suficientemente.
Su verbo no siempre se corresponde con sus acciones y es capaz de hacer compatible correr delante o detrás de los curas, prometer lealtad a quienes tiene pensado hacerles la cama, o envolverse en la bandera de España y luego votar en contra de lo que afirma que son sus convicciones.
Le pierde una foto, le pirria una frase y mata por un buen rato de gloria en la televisión. Su adeene socialista le lleva a hablar de la justicia social y a criticar a la derecha insensible con los sufrimientos de los pobres, aunque eso no le impide ser un personaje que en unos años de poder ha acumulado más riquezas que muchos profesionales liberales en toda su vida.
Estos días Bono reparte elogios entre su jefe Zapatero y el que dicen que podría serlo, Rubalcaba, aunque quienes le conocen saben que aún está digiriendo la injusticia histórica de no haber sido elegido cuando compitió contra ZP.
Dicen que en su partido tiene menos simpatías que las que declara y tal vez por eso es tan amigo de Ruiz Gallardón, con el que se iguala en sospechas de lealtad.
No sabemos a día de hoy quien será el candidato del PSOE aunque el Presidente del gobierno se lo ha contado a su mujer Sonsoles y a un dirigente socialista que, por supuesto no es Bono, y eso le debe tener en ascuas, algo inquieto, y ciertamente jodido.