3/12/2010.- De puertas para fuera las aguas parecen haber vuelto a su cauce en el socialismo madrileño, participe de un escenario preelectoral en el que todos los partidos sin excepción han lanzado un “prieta las filas”. Otra cosa bien distinta es lo que se cuece internamente en las agrupaciones del PSOE, principalmente en aquellas que sus líderes apostaron por Trinidad Jiménez, obligados ahora a dar una dura batalla para no perder el control de sus listas.
Carteles electorales que el secretario general del PSM, Tomás Gómez, pretende diseñar situando a sus fieles como número dos de las candidaturas, tal es el caso de Getafe o Leganés, para lo que está dispuesto a presentar incluso listas alternativas, algo que puede terminar de dinamitar internamente las agrupaciones.
Pero mientras se libra esta soterrada batalla, visualmente en las filas socialistas impera la unidad. Tan es así, que en las últimas semanas Gómez no sólo ha conseguido el respaldo público de Zapatero vía entrevista en un medio de comunicación, sino que ha logrado también establecer una entente de no agresión con dos de sus máximos detractores: José Blanco y Alfredo Pérez Rubalcaba, tras la cual el líder del PSM daba por superado cualquier “periodo anterior” (el de las primarias y sus secuelas), para ir de la mano y en buena sintonía en la campaña electoral.
Paz- ¿o simple tregua?- que ha tenido su primera escenificación en la presentación al alimón de Rubalcaba y Gómez del candidato a la alcaldía de Madrid, Jaime Lissavetzky, quien a punto ha estado, según dicen, de tirar la toalla, ante los desplantes del secretario general del PSM que durante semanas ha hecho oídos sordos a sus llamadas (no le cogía literalmente el teléfono).
La unidad del socialismo para las elecciones municipales y autonómicas ha quedado así sellada (las flores mutuas fueron el hilo conductor del acto), aunque otra cosa bien distinta va a ser, sin duda, el día después de los comicios. En el PSOE, no digamos en el PSM, existe la convicción de que las heridas provocadas por las primarias son casi imposibles de cerrar, como lo prueban las reuniones que, a lo largo de la geografía regional, vienen manteniendo quienes apoyaron la candidatura de Trinidad Jiménez.
El objeto de estos encuentros es lograr consolidar el famoso cuarenta y ocho por ciento (en estos momentos sus propios integrantes lo cifran en un 40%) que respaldó a la hoy ministra de Exteriores como corriente crítica a Gómez, con el fin de que tenga voz propia en el PSM y peso a la hora de decidir el futuro del socialismo madrileño tras las elecciones de mayo. Una conjura que parece contar con la bendición de Ferraz.
La prueba de fuego para valorar la fortaleza de unos y otros- visto que los movimientos para cambiar candidaturas no han prosperado (ahí está el intento de cortocircuitar al regidor de Getafe, Pedro Castro)- va a ser la elaboración de las listas. Los críticos a Gómez quieren hacer valer la autoridad que los estatutos del partido confieren al candidato en la elaboración del cartel electoral para esquivar las posibles intromisiones de la dirección del PSM en las mismas. La cúpula del PSOE de Madrid, por su parte, intenta controlar las direcciones locales para imponer unas listas a su medida. El próximo mes de enero, fecha en que tendrán que estar listas las candidaturas, se podrá valorar el peso político de los dos sectores enfrentados y, sea cual sea el resultado, va a ser muy difícil que no afloren las guerras intestinas que están provocando este proceso.
Mientras tanto, y cara al exterior, en el PSM no se escucha una voz más alta que otra.