Jueves 02 de octubre de 2014
Acaba de cumplirse un año desde la aparición en el primer equipo del Atlético de Madrid de David De Gea, uno de los ejemplos más evidentes de cómo le puede cambiar la vida a una persona en apenas unos meses. En la actual situación de éxito que vive el guardameta del Atlético, resulta llamativo recordar que en el verano del 2009 estuvo cerca de marcharse del club, porque no veía su futuro muy claro después de que los rojiblancos ficharan al prometedor Sergio Asenjo para cubrir la portería del equipo. Es cierto que a partir de ese momento le favorecieron diversas circunstancias, como las lesiones de sus compañeros en esa posición, pero también que él supo aprovechar su oportunidad y sobre todo, que alguien como Quique Sánchez Flores apostó por él en una de las herencias más importantes que dejara el técnico en su paso por la entidad.
En De Gea no sólo sorprende sus cualidades técnicas, sino su saber estar sobre el campo con apenas 19 años. Una de las cualidades más importantes en un portero es transmitir tranquilidad al resto de sus compañeros y eso lo sabe hacer de sobra el de Illescas. Gracias a ese carácter espero que sepa sobrellevar la catarata de elogios que le llegan desde todos los sectores del fútbol español, porque no debe ser fácil para un chico tan joven verse de la noche a la mañana siendo portada en todos los medios ni leer informaciones como que tal o cual equipo quiere pagar una fortuna por él.
A David hay que dejarle que mantenga su progresión, que siga puliendo algunas facetas que debe mejorar, como las salidas, y que sobre todo, mantenga la cabeza tan bien amueblada como parece tenerla. Tiene por delante un futuro que puede ser muy brillante pero ya se sabe que el fútbol es muy traicionero. Muy cerca tiene un buen espejo en el que mirarse. Hace unos meses, lo mismo que dicen de De Gea lo decían de Asenjo y miren ahora en la situación que se encuentra el palentino.
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