OPINION

Se jodió el milagro

Jueves 02 de octubre de 2014

30/09/2010.- Hay que fastidiarse qué manía tiene la ciencia de explicarlo todo. Ahora resulta que lo que abrió las aguas del Mar Rojo para que pasara el pueblo judío en su éxodo no fue Moisés sino el viento. Manda narices.



Eso es lo que ha difundido la agencia Reuters en referencia a un sesudo estudio realizado por un fulano por mejor nombre Carl Drews, del Centro de Investigación Atmosférica (NCAR son sus siglas en inglés, por si ustedes entienden la lengua del imperio y les da por averiguar más de lo que yo les pueda contar aquí)
“Es la dinámica de fluidos, imbécil” parece decirme el tal Drews sonriendo bajo su bigote de barbero antiguo desde una foto que he encontrado en Internet (es estupendo esto de poder ponerle cara rápidamente al personal que dice cosas) O sea, que lo que hubo aquel día no fue otra cosa que un ventarrón de unos 100 kilómetros por hora, sostenido durante doce horas. Por allí pasó el pueblo judío y, si la muralla de agua se cerró sobre los perseguidores instantes después de forma abrupta, fue porque el viento paró también de forma repentina, según puede explicar también la ciencia sin dificultad.

Pues qué quieren que les diga: no me da la gana de creérmelo. Si lo hiciera, ¿A dónde iría a parar mi recuerdo infantil del colosal Charlton Heston haciendo de Moisés y del no menos tremendo Yul Brynner, encarnando al malvado faraón en la película Los Diez Mandamientos?
Y, sobre todo ¿En qué quedaría esa lección moral según la cual el mérito de Moisés no fue tanto la machada –mucha fe y poco seso- de abrir las aguas de un papirotazo, sino la hazaña -la ética del esfuerzo cotidiano y generoso- de mantenerlas abiertas mientras pasaba nada menos que todo el pueblo judío; o sea, mucha parroquia y de paso lento con sus bártulos de emigrar?
Ya te digo: a veces los científicos no se dan cuenta del daño que hacen. O sea.




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