Jueves 02 de octubre de 2014
El presidente del Gobierno es como el entrenador de un equipo de fútbol que ha venido ganando los campeonatos durante seis años y que se enfrenta a una nueva temporada con la obligación de volver a ganar, con unos jugadores veteranos pero algo cansados, que ya no tienen la potencia de antaño y que tiene tentaciones de dejarlo ahora que todavía los suyos recuerdan sus hazañas deportivas y antes de que una derrota tornen los halagos en insultos, como ya le ha ocurrido en las primeras concentraciones de líderes sindicales que pedían su dimisión.
De aquí a las elecciones generales de marzo de 2012 tiene que superar partidos muy difíciles: el primer el 29 de septiembre con la huelga general; el segundo con la aprobación de los presupuestos en octubre; el tercero, a finales de noviembre con las elecciones catalanas; en el primer trimestre de 2011 todo el mundo hará balance de la crisis económica y se verá si hay mejoras reales o no y en mayo de 2011, los comicios municipales y autonómicos.
Zapatero puede optar por jugarse su prestigio ganado o por dar el relevo a otro para tratar de salvarse de la derrota final, como hizo Aznar que dejó a Rajoy que perdiera las elecciones, aunque en este caso fue más un exceso de confianza lo que perdió a los dirigentes del PP, pero ahora se sabe que el líder de la derecha que había limitado su mandato a ocho años conocía los datos de las encuestas que daban una bajada electoral del PP muy importante debido a la guerra de Irak, a pesar de lo cual dejó que Rajoy se quemara.