OPINION

Ingrid Betancourt salió rana

Jueves 02 de octubre de 2014

12/07/2010.- Los que son de ley, tienen categoría moral y su fama transciende por el bien que hacen y no sólo por la venta mediática de sus supuestos méritos, conforman un colectivo al que a mi me gusta llamar “gente.”
Ser gente es algo grande y digno.



En otro nivel más bajo está la gentecilla y, por detrás de ellos, la gentuza, y les aseguro que no es tan difícil ir bajando escalones en esta clasificación.

Solo hace falta dejar de disimular y manifestarse tal y como uno es para conseguir desengañar a quienes pensaban que el líder al que aplaudían era ejemplar.

Una de estas personas que ha dejado de ser gente para devenir en gentecilla y, como siga así acabará siendo gentuza, es Ingrid Betancourt, ex candidato presidencial de Colombia y antigua rehén de las FARC, que ahora le reclama al gobierno de su país una indemnización económica (5,2 millones de euros) por supuestos errores en las tareas de protección.

No resulta ejemplarizante observar a esa supuesta mártir, de la que han escrito y hablado pestes algunos de sus antiguos compañeros de cautiverio, convertida en una sangradora de recursos públicos de su país, en vez de verla como activista en pro de la paz y la liberación de sus ex compañeros.

Esta señora que, desde que salió liberada ha demostrado más interés por el dinero que por ayudar a sus compatriotas detenidos por los narco terroristas, fue además Príncipe de Asturias de la Concordia, y pienso que ese galardón se le concedió con demasiadas prisas, al igual que ocurriera con Al Gore, aunque cada caso es distinto.

El Príncipe de Asturias de la Concordia “es concedido a aquella persona o personas, o institución cuya labor haya contribuido de forma ejemplar y relevante al entendimiento y a la convivencia en paz entre los hombres, a la lucha contra la injusticia la pobreza, la enfermedad, la ignorancia o a la defensa de la libertad, o que haya abierto nuevos horizontes al conocimiento o se haya destacado, también de manera extraordinaria, en la conservación y protección del patrimonio de la Humanidad”.

El prestigio de estos premios se fundamenta en el acierto de los jurados al elegir a los designados, y tradicionalmente asi ha sido, pero habría que huir de la notoriedad mediática y coyuntural de los elegidos porque a veces, salen rana, como la señora Betancourt





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