09/07/2010.- No son pocas las ocasiones en que, para regocijo de la presidenta madrileña, se han establecido paralelismos entre Esperanza Aguirre y la ex premier británica Margaret Thatcher. La dama de hierro aguantó a mediados de los ochenta una huelga de un año de la minería, la lideresa del PP ha encontrado ahora su propio escenario para medirse con quienes a lo largo de sus más de siete años de Gobierno han puesto a los pies de los caballos su gestión, los sindicatos. Unas organizaciones dispuestas a demostrar en la huelga del Metro que no han perdido pie respecto a los trabajadores, después del varapalo sufrido tras su manifestación contra las medidas de Zapatero.
Unas centrales sindicales que para Aguirre son prolongación, y razones para creerlo no le faltan, de la oposición que se sienta en los banquillos de la Asamblea de Madrid, fundamentalmente del PSOE, formación con la que no sólo han caminado de la mano en los últimos años, sino que, incluso, han superado a la hora de llevar la iniciativa en la ofensiva contra la lideresa popular.
Llamándose a andanas y obviando la que se le avecina el 29 de septiembre, o lo que ocurre ya a las puertas de algunos consistorios madrileños, el PSOE no ha dudado en señalar con dedo acusador del caos a Esperanza Aguirre.
Lo ha hecho Teresa Fernández de la Vega, también Tomás Gómez y tampoco ha dejado pasar la ocasión el alcalde de Getafe, Pedro Castro, que cobra así factura a la presidenta de la Comunidad de alguna que otra afrenta pendiente, véase, entre otras, el vodevil mediático montado contra los regidores socialistas del Sur por sus coches oficiales cuando fueron a la Real Casa de Correos.
Como si no fuera con ellos y en un acto de puro funambulismo político, los socialistas se han rasgado las vestiduras, enarbolando la bandera de los trabajadores, con el decreto de Aguirre ampliando a los trabajadores de las empresas públicas el recorte salarial del 5% a los funcionarios impuesto por Zapatero.
En cualquier caso, el PSOE ha encontrado munición contra Aguirre en el hecho de que la presidenta madrileña haya ido más allá de lo que le obliga la Ley de Zapatero, algo que a nadie puede extrañar en una liberal acérrima como la lideresa. Claro que no todo el PSOE es tan cortoplacista, ni ve la paja en el ojo ajeno. José Blanco, José Antonio Alonso, Miguel Sebastián o, incluso, Alfredo Pérez Rubalcaba, sí han puesto sus barbas a remojar en este asunto y, curándose en salud, han criticado abiertamente el incumplimiento de los servicios mínimos. Es más, en el caso del ministro de Fomento, no sólo ha calificado la situación de “intolerable”, sino que también cree que debe sancionarse a quienes han incumplido la ley.