30/06/2010.- Aunque suene un tanto raro, no es muy corriente que los partidos aprovechen los conocimientos de los diputados en una materia para repartir, al inicio de cada legislatura, los cargos en las numerosas Comisiones que existen en el Congreso. Una vez hecho el reparto, las quejas suelen ser moneda corriente pese a que los portavoces de los grupos parlamentarios aseguran que se interesan personalmente por las ‘apetencias’ de cada uno.
Pero de vez en cuando aciertan y nombran a los que más saben en los cargos adecuados. Un buen ejemplo es el del diputado del PP por Madrid, Mario Mingo, que lleva cuatro legislaturas como portavoz de la Comisión de Sanidad y Consumo. Mingo es licenciado y doctorado en Medicina por la Universidad Complutense de Madrid, gastroenterólogo y cirujano, profesión que ejerció en el hospital Gregorio Marañón hasta que en 1987 fue elegido alcalde de Torrelodones, municipio en el que nació hace 63 años.
Su trayectoria como edil hasta que en 1996 abandonó el cargo ha estado salpicada de algunos episodios oscuros vinculados al ladrillo y fue acusado de haber solicitado dinero a un constructor de aquel municipio para una fundación que presidía. Por aquellos ‘asuntillos’ se dudó de que en las anteriores elecciones Mariano Rajoy decidiera colocarle en su candidatura. Pero finalmente le situó en el puesto 14, siendo elegido diputado. En las últimos comicios, Mingo fue desplazado al número 18 de la lista, un puesto ciertamente de ‘riesgo’, pero también consiguió mantenerse en el escaño.
Su trabajo como portavoz de Sanidad nadie lo pone en duda. Tiene fama de buen negociador y de conocer bien los temas en los que se embarca aunque hay quien le achaca cierta “brusquedad” a veces en el trato y unas ideas demasiado ‘retrogradas’ en materias sensibles como la reproducción asistida y el uso de células madre. Se cuenta que cuando Celia Villalobos era ministra de Sanidad, Mingo, que ya era portavoz de ese área, mantuvo algunos importantes roces con la malagueña a la que no tuvo nunca en gran consideración como responsable de esa cartera. Pero de su boca jamás salido una crítica. Con otro que tampoco parece mantener una especial sintonía es con José Ignacio Echaniz, un diputado con un impresionante currículo en el terreno sanitario pero que sin embargo es portavoz de Trabajo, lo que corrobora el comentario que he hecho al inicio de que no siempre se asigna a los diputados el cometido para el que están mejor preparados. Echaniz fue consejero de Salud del Gobierno de Esperanza Aguirre, un cargo que según cuentan algunos compañeros de escaño del Congreso, a Mingo le hubiera gustado ocupar.
Pero en su favor hay que destacar que es un parlamentario que se gana el sueldo. En todas las legislaturas ha desarrollado una gran actividad, pero en esta última lleva ya 22 iniciativas e intervenciónes parlamentarias, lo que es una buena media en estos dos años.
Su última intervención en el Congreso fue para apoyar la tramitación de la reforma de la anti-tabaco, que, entre otras cosas, impedirá fumar en todos los espacios públicos cerrados, con la excepción de hoteles, prisiones, psiquiátricos y clubes de fumadores "si no tienen trabajadores”. Una de las pocas reformas que el PP ha apoyado del Gobierno de Zapatero, aunque con sus ‘peros’.