La meta necesaria era el quince de junio. Ese día el Banco de España cerrará el grifo del FROB a todas las Cajas de Ahorro y las que no se hayan fusionado y necesiten del dinero público tendrán que echar el cierre. Con esa espada de Damocles sobre sus cabezas los responsables de esas entidades financieras han movido sus últimas piezas. Quedan apenas cinco días y las deudas aprietan. Sea con fusiones frías o calientes hay que juntarse, sumarse o fusionarse o en otras y con otras para acceder a los fondos de ayuda a las necesarias reconversiones de oficinas, empleados y pasivos inmobiliarios que lastran las distintas cuentas de resultados.
Si dejamos a los dos grandes bancos fuera de la pelea, lo que estaba en juego – y sigue estando a la espera de la reacción por parte de La Caixa – era el tercer puesto. Y éste lo ha conseguido el ex ministro de Economía, ex gerente del FMI y ex asesor de varias entidades financieras hasta llegar a la presidencia de Caja Madrid, Rodrigo Rato. No era la primera de sus jugadas pero la decisión de la CAM de entrar en la fusión acaudillada por Caja Astur, que ya “ se quedó” con Caja Castilla la Mancha a través de ese invento que es el Banco Liberta, parecía que cerraba las ambiciones de don Rodrigo y mantendría a la entidad que preside Isidre Fainé como “medalla de bronce” del sistema financiero español.
Pensemos en las cifras: Caja Madrid, más Bancaja ( y su Banco de Valencia ), más Laitena, Avila, Segovia, Rioja e Insular de Canarias suman más de 330.000 millones de euros; mientras que La Caixa, hoy, apenas sobrepasa los 270.000, por debajo del Santander de Emilio Botín y del BBVA de Francisco González, pero ya a mucha distancia del resto. Y dejemos para los próximos meses y años la segunda fase del proceso de concentración donde veremos, con toda seguridad, como los que hoy son bancos y cajas pasan a maridarse entre ellos hasta que el actual perfil de unos y otros desaparezca.
Los tiempos marcan la estrategia y Rato no podía esperar a la Asamblea general de la Caja manchega el próximo día 30, ni a los movimientos que pudiera hacer el PP nacional y regional, ya fuera con Mariano Rajoy o María Dolores de Cospedal para que de esa reunión saliera una negativa hacia la fusión con Caja Astur, y tras esa ruptura se desmoronara todo el andamiaje, liberando a la CAM para nuevas y más “populares” fusiones. De lo que no cabe ninguna duda a estas alturas de la reestructuración bancaria en nuestro país es que van a quedar menos de quince entidades llamadas Cajas pero con cada vez más aspecto de bancos, y que la política de los dos grandes partidos está marcando la mayor parte de los movimientos de las entidades protagonistas. Con la salvedad de aquellas autonomías y regiones que ya se diferencian políticamente en cuanto a su capacidad constitucional, que son: Cataluña, País Vasco, Galicia y Andalucía.
Rato no llegó hace menos de seis meses a la presidencia de Caja Madrid para quedarse en el nivel que tenía la Caja entonces. Sus planes eran y son los de liderar a uno de los cuatro grandes y ya lo está consiguiendo, lo que por otra parte hace que se entierren aún más profundos cualesquiera de los rumores que le siguen colocando en una posible vuelta a la política en caso de que Mariano Rajoy con consiga llegar a La Moncloa en la próxima batalla electoral frente a Rodríguez Zapatero.
Las cifras económicas no son lo más importante en estos momentos, por duras que sean o puedan serlo, y menos cuando el Banco Central europeo ha abierto otra vez y de forma muy generosa el gripo del dinero para las entidades de los países que integran la UE. Ahora se trata de crecer en el tamaño, en la importancia para la economía de cada nación y para el conjunto de las mismas, en colocar frente a los políticos el problema que se crearía ante la caída de un gigante de ese tamaño, y esperar que las ayudas públicas vayan cambiando el panorama. Y en eso están.
El ex ministro ha conseguido un buen triunfo. Su colega en Bancaja y ex presidente de la Comunidad Valenciana, José Luís Olivas, también y por partida doble. Y los dos presidentes autonómicos, Francisco Camps y Esperanza Aguirre no pueden quejarse: si la sede social se pone en Valencia, la super Caja tributará en esa Comunidad; y si la dirección y gestión se queda en Madrid, todas las decisiones operativas y los tributos que produzcan se quedarán en esta otra. Todos contentos, incluso el Gobierno central y por supuesto el gobernador del Banco de España, que ve como sus amenazas surten efecto.
Queda por ver la respuesta de La Caixa. Ni Fainé, si su segundo, Juan María Nin pueden quedarse quietos. Ni siquiera lo puede hacer un presidente de un tripartito en horas bajas. No lo pueden hacer cuando aún quedan figuras del ajedrez financiero por jugar: las que están en fusiones frías sin respaldo de las Asambleas respectivas, y las que siguen por libre, algunas de ellas con tanto potencial y tan apetitosas como Ibercaja, con su presidente, Amado Franco, a la cabeza. Antes del quince la fiesta va a continuar. Y después, también. Los grandes cambios en el sistema están en sus inicios.
Caja Madrid, Bancaja y las otras cinco cajas que se integrarán en una 'fusión fría' en torno a la entidad que preside Rodrigo Rato enviarán al Banco de España el protocolo por el que se unirán a través de un Sistema Institucional de Protección (SIP) el próximo lunes, informaron en fuentes del sector.
El protocolo se someterá previamente a la aprobación de los consejos de administración de cada una de las cajas participantes (Caja Segovia, Caja Avila, Caja Rioja, La Caja Insular de Ahorros de Canarias y Caixa Layetana, además de Caja Madrid y Bancaja ), que también se reunirán el lunes.
Este documento fijará todas las características y aspectos de la integración de la que será primera caja de España, y la participación de cada una de las entidades en la misma.
Según las mimas fuentes, las cajas solicitarán al Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB) un importe de alrededor de 4.500 millones de euros, cifra similar al máximo que pueden pedir (el 2% de los activos ponderados por riesgo).
La 'fusión fría' de estas siete cajas supondrá la creación de una entidad financiera con una red de unas 4.450 oficinas repartidas por toda España y con unos 26.000 trabajadores.
La comunicación de la fusión al Banco de España constituirá el siguiente paso de esta operación, toda vez que en la jornada de hoy los consejos de administración de Caja Madrid y Bancaja fueron informados del desarrollo del proceso iniciado para la posible formación de un SIP con el resto de cajas mencionadas.