La vicepresidenta del Gobierno metió la pata, con la ayuda de los magistrados Luciano Varela y Margarita Robles, en el tema Garzón, no tomando medidas previas y más contundentes para evitar el escándalo de que Falange Española apareciera acusando a un magistrado que quería juzgar al franquismo. De la Vega fue quien colocó en el Supremo a Varela y quien puso a Robles en el Consejo General del Poder Judicial, además de nombrar ministro de Justicia a Francisco Caamaño, que también ha estado a verlas venir en el problema.
Sólo el Fiscal General, Cándido Conde Pumpido se dio cuenta del berenjenal en el que se estaba metiendo el Supremo y la fiscalía se abstuvo de acusar. Al final, la confusión en el Gobierno ha sido total, con unos ministros defendiendo a Garzón y otros dejando que lo crucificaran, y Zapatero, al estilo Rajoy, mirando para otro lado e intentado que no le salpicara. Ahora cada vez que sale a una cumbre mundial tiene que oír los comentarios sarcásticos de otros dirigentes que sólo entienden que un partido franquista elimine a un juez que quería legalizar los desenterramientos de las víctimas de la dictadura. Y Garzón que lo tenía muy mal con los temas de los cobros en Nueva York y con las escuchas a los abogados defensores en las cárceles del tema Gürtel, aparece ahora en el mundo como una víctima. El tiro por la culata