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El desamor de Francia con Sarkozy

23/03/2010.- La segunda y definitiva vuelta de las elecciones regionales francesas ha venido a confirmar la desafección del electorado francés con su presidente. La UMP (Unión por un Movimiento Popular), la formación política de Nicolás Sarkozy, ha obtenido el 36 por ciento de los votos mientras que la Unión de la Izquierda, con el 54 por ciento de los votos, se ha hecho con el control de todas las circunscripciones regionales de Francia con la excepción de dos territorios.

Como cuestión previa a un análisis de estos comicios habría que decir que
Los gobiernos regionales franceses significan muy poco. Años atrás el país intentó maquillar su férreo centralismo creando este nuevo poder que apenas tiene competencias (el trasporte público, la gestión administrativa de los centros de enseñanza y poco más) y en consecuencia el ente regional apenas tiene relevancia alguna. Añadamos, igualmente, que en unas elecciones a medio mandato presidencial el elector se permite la libertad de jugar con su voto para hacerle llegar un aviso a su formación o candidato preferido.

La victoria de la izquierda tripartita.

La mecánica electoral a doble vuelta propicia las alianzas de cara a la definitiva jornada. Así ocurrió esta vez y funcionó la alianza entre socialistas, verdes e izquierda alternativa que se ha alzado con el triunfo en la casi totalidad de los gobiernos regionales. ¿Un ensayo general de lo que pudiera ocurrir en las presidenciales de 2012? Prematuro y complicado. La oposición de izquierdas ha encontrado una plataforma pero tiene pendiente hallar la figura de un antagonista contra Sarkozy.

En el corral de la izquierda, por de pronto, surgen dos gallitos, más bien dos gallinas en atención a su sexo: Martine Aubrey, secretaria general del PS y que ha sido la gran fontanera de estas elecciones, y Segolene Royal, la candidata derrotada de 2007, quien no sólo ha ganado brillantemente en su distrito de Poiteau-Charantes, sino que ha animado brillantemente en otras circunscripciones que estaban en situación comprometida para sus correligionarios.

La presencia inquietante de la extrema derecha.

En el cómputo global, la formación de Le Pen sólo ha obtenido poco más del 8 por ciento de los votos. Pero si nos atenemos a las circunscripciones en que concurría el Frente Nacional, el porcentaje de votos se eleva por encima del 18 por ciento. El viejo Le Pen ha contado con el 25 por ciento en su circunscripción de Provenza-Alpes-Costa Azul. Y su hija Marina, con el 22 por viento en su circunscripción de Nord-Pas de Calais.

La extrema derecha la propició en los años ochenta el viejo zorro Mitterrand, como una fórmula para debilitar el centro derecha y poder ser reelegido. Posteriormente ni Chirac ni Sarkozy se han avenido a pactar con una formación tan sectaria que no obstante ha venido recibiendo en sucesivas elecciones entre el 10 y el 290 mor ciento de los votos.

Sarkozy, víctima de la pinza.

Al final, el efecto de esta doble pinza se ha traducido en una derrota sonora de Sarkozy. La victoria de Sarkozy en las presidenciales de 2007 se debió al mensaje de este hiperactivo político: ruptura con el inmovilismo de la izquierda (Mitterrand) y el inmovilismo de la derecha (Chirac). En estos casi tres años Sarkozy ha gobernado con un equipo transversal, con un buen número de socialistas e independientes, tratando de impulsar reformas de calado en la gobernanza del país.

Pero los efectos de la crisis (diez por ciento de la población en paro) y la renuencia de su electorado a estas reformas han pasado factura a Sarkozy, que cada vez se siente más tentado de dejarse llevar por el inmovilismo que desde hace décadas aflige al alma de los franceses. Muy verosímilmente, Sarkozy (que en adelante levantará el acelerador de las reformas y se hará más conservador) recuperará el amor de los franceses (o al menos su voto) pero la Francia necesitada de reformas habrá dejado escapar una nueva oportunidad.



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