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La “lideresa” Esperanza Aguirre pone cerco a Pedro Castro…. y el presidente Jose Luis Rodríguez Zapatero le “blinda”

jueves 02 de octubre de 2014, 12:47h
Viernes 12, ven-cía el plazo dado por Espe-ranza Aguirre a Pedro Castro para presentar su dimisión como presidente de la Federación Española de Municipios y Provincias, so pena de que los alcaldes del PP madrileño abandonen en cascada la FEMP. Un órdago a la grande que, según cavi-lan en el PSOE no sin cierto regocijo, puede constarle al Partido Popular de Madrid la presidencia de la FMM, cuyos estatutos, dicen, están vinculados a su homóloga Federación de ámbito nacio-nal.Era, por tanto, el día “D” de un conflicto que ha devuel-to a la presidenta del Partido Popular de Madrid el papel de paladín nacional de las “esen-cias” de su partido y como tal ejerció la “lideresa” de los populares desembarcando con sus huestes en el “feudo cas-trista” de Getafe para cerrar el cerco entorno a un Castro al que volvió a reclamar su ren-dición sin condiciones.Ante un auditorio menor del previsto (tampoco se lle-vó a cabo la concentración de alcaldes a las puertas del Ayuntamiento de Getafe que planeaba Bartolomé Gonzá-lez), Aguirre habló de lo divi-no: la crisis y la responsabili-dad de José Luís Rodríguez Zapatero en ella, amén de la lucha contra ETA y de la inhi-bición del Ejecutivo socialista en el desalojo de ANV de los ayuntamientos. Y de lo humano: la dimisión del alcalde de Getafe al frente de la FEMP, tras los “impre-sentables insultos” proferidos por el regidor (“por qué hay tanto tonto de los cojones que sigue votando a la derecha) contra los diez millones de votantes del PP y el 42% de la población de Getafe que res-palda a los populares. Tan humano como su des-marque de las palabras de Manuel Fraga (“habría que colgar… a los nacionalistas”), declaraciones que a Aguirre le parecen también impresenta-bles y por las que el presiden-te de honor del PP tendría que dimitir, según ella, si estuvie-ra al frente de una federación nacionalista. Arropando a la presidenta de la Comunidad de Madrid en la “toma” de Getafe estuvo la plana mayor de su Gobier-no, con excepción de Igna-cio González, amen de unos entusiastas alcaldes y conce-jales (bien es verdad que no estuvieron todos los que son y algunos de los que estaban no terminan de ver claro aquello de hacer mutis por el foro de la FEMP). a los que el presi-dente de la FMM, Bartolomé González, llamó a la rebelión y a hacerse la obligada foto en el “affaire de Getafe”, en lo que todos los presentes intuyeron una clara alusión a la ambigüedad en este tema de Alberto Ruiz Gallardón.El PP de Madrid lleva días intentando que su “verso suelto” se una a la rima con-tra Castro, algo a lo que Ruiz Gallardón se está resistiendo en parte por su felling perso-nal con el alcalde de Getafe, y en parte por no dar más alas a su más enconada rival Espe-ranza Aguirre. Pero sí Aguirre ejerció de gran capitana, la sui géne-ris Conferencia de alcaldes populares tuvo también su propia estrella invitada, una silenciosa Ana Botella cuya tardía aparición fue muy cele-brada por aquello de romper alineación con Gallardón, y un exultante maestro de ceremonias encarnado por el portavoz de los populares de Getafe, Carlos González Pereira, que cree haber encontrado por fin el camino para desalojar a Castro de la alcaldía y de paso ganar galones con su jefa de filas, que desde hace años aspiran a registrar en su particular marcador político la plaza getafense. La finalidad, por tanto, del “conclave” de alcaldes del PP madrileño organizado en Getafe, no fue otra que la de poner en cima de la mesa dos derivadas: por un lado, esce-nificar que Esperanza Aguirre es más que una líder autonó-mica y, por otro, certificar la muerte política de Castro. Sobre sí la estrategia de Aguirre será o no secunda-da por el PP nacional y por Mariano Rajoy, la jefa de filas de los populares madri-leños se remite únicamente a las palabreas del propio presi-dente de su partido, de María Dolores de Cospedal y de Javier Arenas reclamando la dimisión inmediata de Cas-tro. Si bien, eso es una cosa y otra muy distinta abandonar en bloque esta Federación, algo que todavía esta por ver que se produzca, por mucho que Aguirre, firme convenci-da “de que hay que dar todas las batallas ideológicas de nuestros adversarios”, quiera ganar también esta guerra de honor. De momento, su público está con ella y, como años atrás se escuchó en la ban-cada del PP en el Congre-so en la era de Aznar hacia Felipe González, en Getafe se volvió a entonar aquello de “¡Que se vaya, que se vaya!”. Estrategia que volvía a repetirse a penas hora y media después en la reunión de la Comisión Ejecutiva de la FMM, en la que los repre-sentantes del PP reclamaron otra vez la dimisión del alcal-de de Getafe, en una votación de la que se ausentaron tanto el PSOE como IU. Reunión a la que curiosamente excusó su asistencia la representante del Ayuntamiento de Madrid, Pilar Martínez. Blanco y en botella. Inspirado el plazo dado por Aguirre, Castro conti-núa al frente de la FEMP en espera de una Asamblea de esta Federación en la que previsiblemente ganará el pulso al PP. Entonces se verá si Mariano Rajoy apoya o no la audacia de su lideresa madrileña. Poco antes de cumplirse veinticuatro horas de la pues-ta en escena de Esperanza Aguirre en Getafe, el PSOE madrileño, capitaneados por José Luís Rodríguez Zapa-tero, dijo “no” a las exigen-cias de la presidenta del PP madrileño. Castro se queda al frente de la presidencia de la FEMP, o así lo enten-dieron todos los presentes en la II Conferencia de alcaldes convocada por el secretario general del PSM, Tomás Gómez, cuando el inquilino de La Moncloa elogió explí-citamente en varias ocasiones al regidor de Getafe durante su intervención y le saludó con la mejor de sus sonrisas al abandonar la reunión. Así lo recibió también el propio Castro, para el que el apoyo público de Zapate-ro supone mucho más que un balón de oxígeno en la numantina resistencia que mantiene frente a los envites de Esperanza Aguirre, pues le legitima definitivamente en la presidencia, acabando con la ambigüedad mostrada por algunos compañeros de su propio partido, que haberlos, haylos, dispuestos siempre a pescar en río revuelto.
Zapatero bendecía así una postura que Tomás Gómez ha mantenido desde el princi-pio de este “affair”, en el que ha apoyado sin reservas y abiertamente a Castro en esta tormenta política y mediática, criticando que el PP “no apli-que la misma vara de medir con Manuel Fraga, un senador que participó en los gabinetes del Dictador”. Los socialistas sacaban así pecho en favor de su vapu-leado alcalde, a quien el hoy portavoz del PSOE en el Ayuntamiento de Madrid y otrora concejal de Hacienda de Getafe, David Lucas, elogió su trabajo al frene de la FEMP, pues “ está haciendo un gran trabajo y se ha fajado duro para conseguir estos recursos del Estado, los mayores que se han dado en un sólo ejercicio presupuestario”. Zapatero y el PSOE madri-leño “redimían” oficialmente así a Castro de su exceso verbal, aunque esta II Confe-rencia dio para mucho más. Sirvió para que los alcaldes socialistas dejaron claro al presidente del Gobierno que habían “hecho los deberes” (Zapatero, sic), sobre los pro-yectos que cada uno de sus ayuntamientos abordarán con el Fondo de Inversión Local del Ejecutivo, cifrado en ocho mil millones para todas las corporaciones del país. Y sir-vió también para que el inqui-lino de La Moncloa hiciera otro anuncio importante para la Comunidad de Madrid; un Plan de Cercanías que, según él, será la “gran palanca para el desarrollo de la región”. Después de esta inyección de optimismo, en el socia-lismo madrileño vuelve a imperar aquello de “prietas las filas”, en este caso, entor-no a Castro, en espera de que Esperanza Aguirre mueva de nuevo ficha.
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