Un reciente estudio de la UNED revela que el deseo de algunas personas de luchar o hacer sacrificios significativos por su grupo no se basa únicamente en el odio hacia otros, sino en la humanización de sus propios compañeros. Este hallazgo, publicado en la revista Psychology of Violence, pone de manifiesto que los vínculos internos son un factor crucial para comprender este fenómeno.
Claves de la noticia
1. La humanización del grupo propio es clave
La investigación indica que la percepción positiva de los miembros del grupo es más influyente que el rechazo hacia los rivales.
2. Impacto en la prevención de la violencia
Entender estos procesos intragrupales puede ayudar a desarrollar estrategias más efectivas para prevenir la radicalización y la violencia.
3. Diversidad en los contextos estudiados
Los investigadores analizaron grupos diversos, desde prisioneros hasta comunidades en conflicto, lo que refuerza la validez de sus conclusiones.
El estudio, liderado por Laura Rodríguez-Gómez y Ángel Gómez, entre otros, forma parte de un proyecto financiado por el Consejo Europeo de Investigación (ERC). Su título, It’s About Us, Not Them: Identity Fusion and Ingroup Versus Outgroup Humanization on the Will to Fight, explora las razones detrás de la disposición a realizar sacrificios extremos por un grupo o valores sagrados. Los autores concluyen que los procesos relacionados con las dinámicas internas del grupo son más relevantes que el antagonismo hacia los externos.
Implicaciones para la convivencia pacífica
Este enfoque tiene implicaciones significativas para la prevención de conflictos. Si se reconoce que el sentido de pertenencia y las relaciones dentro del grupo pueden motivar acciones violentas, es esencial desarrollar estrategias que fortalezcan esos vínculos hacia objetivos constructivos como la paz y la convivencia. El estudio sugiere que una identidad colectiva intensa no necesariamente conduce a actos agresivos; puede también fomentar el servicio público y la solidaridad.
A través de siete estudios realizados con más de 2.000 participantes en diferentes contextos —incluyendo prisioneros vinculados a bandas en España y Filipinas, así como población palestina— se ha demostrado que cuanto más fuerte es la fusión entre un individuo y su grupo o valor, mayor es su disposición a luchar por ellos. Este hallazgo resalta cómo una percepción humana del propio grupo puede ser un motor poderoso para protegerlo sin necesidad de recurrir al ataque contra otros.
Los investigadores advierten sobre el papel moderador que juega la percepción de amenaza: en situaciones extremas, esta puede llevar a justificar cualquier sacrificio para defender al grupo. Sin embargo, también enfatizan que este mismo compromiso puede ser redirigido hacia esfuerzos pacíficos si se establece una conexión con valores superiores como la reconciliación.
Las recomendaciones derivadas del estudio están dirigidas a instituciones como el Bureau of Management and Penology en Filipinas, donde se busca incorporar estas ideas en programas preventivos. El objetivo final es transformar lealtades potencialmente destructivas en compromisos constructivos que favorezcan el diálogo y eviten la violencia.