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El dinero sin memoria en el laberinto bancario
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El dinero sin memoria en el laberinto bancario

jueves 07 de octubre de 2021, 10:17h
Existe el dinero sin memoria, millones de euros - entre ocho y diez - que cada año se olvidan de los nombres de sus propietarios. Están en cuentas corrientes que quedan abandonados, sin nadie que reclame los números que están escritos en ellas.

Acciones, fondos, valores, derechos que se multiplican en todas las entidades financieras, a veces son céntimos, otras miles, simple cuestión de ceros pero que sumados se acercan a los diez millones de euros cada 365 días.

Los bancos esperan a que se cumplan los plazos del artículo 18 de la Ley 33/2003, más números que apenas nos dicen nada pero que permiten al Estado recaudar esas cantidades tras comprobar que no hay testamentos y no se puede informar a las familias de sus derechos.

Desde hace seis años se aplican a fines sociales, algo es algo en la crisis. Antes pasaban directamente al " reparto administrativo" y servían para tapar los agujeros de los déficits públicos.

Las anotaciones en cuenta, las acciones compradas en busca de una rentabilidad que se quedó en un cajón, los fondos que debían servir para mejorar unas pensiones, abrir la puerta a unos estudios, todos ellos sufrían la amnesia de sus dueños y adquirían el polvo del olvido...hasta que llegaba el omnipresente estado recaudador y los reclamaba para sí.

El silencio acompaña a esos ocho o diez millones de cada año. Nadie sufre por lo perdido pues ya nadie recordaba o sabía de su existencia.

La mayor parte de este ejército de desmemoriados eran y son enanitos monetarios, gotas que pasaban desapercibidas en las contabilidades o desaparecían de la memoria de aquellos que les pusieron nombre y apellido.

Hay otro ejército en esa desmemoria contable que tiene a su legión de cazadores esperando. Se trata de las herencias sin reclamar, esos documentos que una vez se firmaron ante un notario y con testigos, que se guardaron en el Registro y en una caja fuerte, que iban a servir para llevar la alegría a unos familiares, a unos amigos, a gente que nunca supo de su existencia o emprendió el ultimo viaje antes de que lo hiciera el firmante y " repartidor" de sus bienes.

Los cazadores tienen su recompensa, al igual que la tenían en el Oeste de la América que se estaba formando aquellos que capturaban vivo o muerto a un condenado. Un sabroso diez por ciento les aguarda si entregan al estado el inesperado botín que pasa a engrosar la " riqueza nacional", con cifras que igualan en importancia a las de las cuentas olvidadas. Son gente experta que sabe dónde buscar, que tiene la paciencia de los depredadores de esta sabana urbana en la que nos movemos. Buscan, tienen informadores, encuentran y esperan a que se cumplan los plazos legales: sin nadie que reclamar, informan al Ministerio de los dineros y éste les paga sus buenos servicios.

Por eso es tan importante dejar atados y bien atados los documentos que hablan de nuestros bienes, de cuales son, de dónde están y de lo que hay que hacer para reclamarlos. Es importante el orden, la escritura, que no sólo de la memoria vive el ser humano. Datos para la familia, normas para los bancos, cartera para los valores y testamentos con prioridades.

Salvo que se desee dejarlo todo al estado y que sea éste quien decida lo que hacer y el cómo con aquello que tanto esfuerzo nos costó conseguir. El tiempo es un factor esencial al igual que lo es la condición finita de la vida humana. Para qué esperar a ese último tren si se pueden dejar los billetes para los que nos siguen sacados con antelación y condiciones.

Que el dinero, los bienes que hemos adquirido a lo largo de nuestra vida no termine olvidado y sin nombre depende de nosotros. Al igual que no nos gustaría que un hijo se quedara sin apellido y no supiera de dónde viene y quienes fueron sus progenitores, y lo inscribimos en el registro nada más nacer y nos preocupamos de su desarrollo, lo mismo podemos hacer con el premio que nos ganamos con el esfuerzo y el trabajo de una vida. Dejar escrita la memoria es un deber y una recompensa que entregamos a los que queremos.

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