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Manuel Castells, el ministro no ministro
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Manuel Castells, el ministro no ministro

El titular de Universidades de 78 años y con pasado donde ha visto y vivido de todo se niega a participar del circo político en un Ministerio vacio de responsabilidades

Un conocido anuncio de televisión sirve a un banco holandés para anunciarse como el banco no banco, a donde llega después de afirmar que lanzar conceptos como el viejo no viejo, el arte no arte, o el grito no grito. Es un eslogan que le viene bastante bien para explicar la personalidad del ministro de Universidades, Manuel Castells, un veterano de mil lides que a sus casi 79 años no hay nada que le sorprenda o que le afecte. Se prodría seguramente intercambiar con el director del Centro de Epideomología, Feriando Simón, a quien tampoco parece alterarle nada tras haber vivido largos años ejerciendo la medicina en Burundi y en otros países africanos a cada cual más peligroso.

Manuel Castells, nacido en Hellín (Albacete) pero nacionalista catalán de corazón, aunque residente en Andorra, presume de que en su juventud se exilió en París, en 1962 a los 20 años, para huir de la dictadura framquista y allí consiguió convertirse en el profesor de Sociología más joven de la Universidad parisina teniendo entre sus alumnos nada menos que a Daniel Cohn-Bendit y otros estudiantes que organizaron el famoso Mayo francés de 1968.

Le echaron de la Universidad francesa y se volvió a exiliar esta vez en California durante más de un cuarto de siglo. Considerado un marxista reconvertido se le considera un expertos en el estudio sociológico de las tecnologías de la información. En Madrid colaboró como presidente en la fundación, ha sido presidente de Next International Business School, una escuela de negocios con sede en Madrid al más fiel estilo norteamericano, que ahora dirige el ex periodista Manuel Campo Vidal.

En estos vaivenes ideológicos y mercantiles, Manuel Castells fundó al rebufo del 15M una nueva organización llamada “Red Ciudadana Partido X: Democracia y Punto”, que quería partir de un método de trabajo y un
pacto transversal no ideológico de mínimos entre ciudadanos para acabar con la corrupción y conseguir Democracia y Punto.

Una vez pasadas las primeras experiencias electorales en 2015, Castells acabó acercándose a En Comú Podemos para silenciosamente llegar en noviembre de 2019 a ser nombrado ministro de Universidades gracias al pacto entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, como parte del cupo de ministerios que reclamaba el líder morado.

Desde el mismo día de su nombramiento y ya en la foto de familia que se hicieron en las puertas de La Moncloa, Manuel Castells dió muestras de estar y no estar -volviendo al anuncio bancario- para en los siguientes días desaparecer diciendo que pensaba hacer una gira por las Universidades españolas. La pandemia le ayudó a quedarse entre las bambalinas del escenario político y no salir más que lo estrictamente necesario y cuando no hay más remedio. Desde luego ningún periodista pregunta por él pero tampoco por otros varios altos cargos del gobierno como Pedro Duque (Ciencia) o las titulares de Administraciones Públicas, Carolina Darrías; de Cultura y Deportes, Rodríguez Uribes; o lo que es más grave, la de Exteriores, Arancha González Laya.

Castells ya tenía decidido desde el principio que las Universidades dependen por un lado de sí mismas, y por otro de las Autonomías, entonces, qué pinto yo aquí. Y desde luego no estaba dispuesta a comvertirse en el pim pam pum de unos y otros como le ha ocurrido a la titular de Educación, Isabel Celáa, mucho más bregada en las lides gubernamentales después de haber sido portavoz del gabinete de Sánchez durante la primera legislatura.