Sánchez, antes nada, ahora todo

Sánchez, antes nada, ahora todo

viernes 13 de marzo de 2020, 13:20h

Ayuso a remolque del Gobierno central mientras Urkullu declara el estado de emergencia sanitaria

Un Gobierno muy sobrepasado por la extensión del coronavirus, el de Pedro Sánchez, y una presidenta de la Comunidad, Isabel Díaz Ayuso paralizada por las circunstancias a la espera de que el ejecutivo central decidiera qué medidas tomar, han estado a punto de provocar el caos en Madrid. También en el País Vasco, tras muchas dudas, Urkullo decretó el estado de emergencias.

Días antes de que Ayuso y el ministro Salvador Illa -con un Fernando Simón muy sobrepasado por la situación y sin capacidad de imponerse a los políticos- anunciaran el cierre de la actividad educativa y mandaran a los niños con los abuelos, todo eran mensajes de que aquí no pasa nada, lávense las manos, no tosan a los vecinos, y poco más.

Los ciudadanos españoles, ya de por si muy remisos a tomar precauciones, no han entendido que de un día para otro se promuevan desde el gobierno y desde los propios partidos políticos manifestaciones masivas como la del 8 de marzo, o el acto de Vox en Vista Alegre, y luego se prohíba ir al colegio, se cierre los bares y restaurantes o incluso se recomiende no ir a trabajar.

Los casos más claros de la irresponsabilidad política han sido los positivos de coronavirus que han dado Javier Ortega Smith venga a dar abrazos en el congreso de su partido estando ya enfermo, contagiando al propio Santiago Abascal. Así como el de la número dos de Podemos, Irene Montero, seguramente una de las que más presionó para que no se suspendiera la manifestación feminista.

No se sabe cuándo y como la ex presidenta del Congreso, ahora vicepresidenta, Ana Pastor, número dos de la lista del PP por Madrid, contrajo también el virus. Lo único que ven los ciudadanos es que ninguno de ellos va a perder su puesto de trabajo, mientras que a ellos las medidas pueden llevarle a no poder pagar la hipoteca o a perder el empleo.

Solo en Madrid, la región más afectada se esperan que haya en las próximas semanas más de 10.000 casos de infectados multiplicando así por diez los mil y picos actuales y lo mismo puede ocurrir con los muertos, que de los 40 actuales se pasen a 400. Nadie sabe nada y los científicos han terminado por tirar la toalla incapaces de haberse siquiera ido informando de lo que pasaba primero en China y luego en Italia.

La única receta que le queda a los gobiernos de España en general y de Madrid en particular es que los ciudadanos se queden en casa tanto los que estén sanos como los enfermos y que traten de superar el virus aislados.

Mientras en Inglaterra, por ejemplo, se han chequeado a más de 20.000 personas en menos de un mes, en Madrid ni siquiera funciona el teléfono de emergencias donde hay que dar el parte si te pones enfermo para que vayan a comprobar tu enfermedad. Las pruebas se realizan con cuentagotas por falta de medios y al personal sanitario ni siquiera se le ha dado la vestimenta necesaria pare evitar el contagio.

La resistencia de los políticos a tomar medidas severas ha sido casi patético. Valencia que llegó a celebrar varias mascletás con miles de personas a pesar del miedo al contagio, se resistió hasta el final para suspender las Fallas, y el presidente andaluz, Juan Manuel Moreno, también está intentando salvar la Semana Santa andaluza, uno de los acontecimientos turísticos más importantes de la región.

En Madrid, donde se esperan que en los próximos días se anuncien más medidas restrictivas en el transporte público, nadie descarta ya que se pueda cerrar la Comunidad para evitar que los madrileños viajen a otras zonas y propaguen el virus. La realidad es que nada más saberse que se suspendían los colegios y se daban permisos extraordinarios en muchas empresas, muchos madrileños han cogido a los niños y se han ido a su apartamento en la playa.

LaLiga de fútbol ha suspendido las dos próximas jornadas y el Real Madrid pone en cuarentena a sus plantillas de balompié y de baloncesto, mientras que cerca de tres mil aficionados del Atlético de Madrid acudían al Liverpool a ver el partido de su equipo contra el once británico. Y mientras tanto, la bolsa se hunde con pérdidas del 30% del Ibex.

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