Europa, la Europa monetaria de Maastrich, la que aún no ha logrado una Constitución, no se fía de sí misma, ni de su capacidad para competir frente a Estados Unidos, los países emergentes como Brasil, y sobre todo frente a China.
Europa desconfía del mercado único que no termina de instalarse en ese territorio de 27 países, a los que la crisis financiera mundial ha obligado a desempolvar viejas prácticas proteccionistas, si bien es cierto que algunos de ellos nunca las habían olvidado a través de un capitalismo estatal en el que sus principales empresas, aquellas consideradas como estratégicas, permanecían con la mayoría del capital controlado desde el Gobierno. Otros, como España, decidieron ser adalides del liberalismo y se desarmaron de forma rápida y casi irreversible, haciendo a unos pocos, muy pocos de sus ciudadanos en ricos, más ricos.
El último de los grandes ejemplos que pueden ponerse en nuestro país está en la privatización de Endesa, desde la lucha inicial por el control y el valor de las acciones protagonizada por Manuel Pizarro, hasta la mayoría conseguida por la italiana ENEL y la presidencia de Borja Prado, pasando por los beneficios que logró arrancar la alemana EON a cambio de aceptar el reparto final. Por medio quedaron las plusvalías de miles de millones a favor de Acciona y la familia Entrecanales, uno de esos casos en los que los resultados empresariales se basan sobre todo en dos espectaculares "pelotazos" conseguidos desde las privilegiadas relaciones con el Gobierno de turno para conseguir concesiones, por un lado, y las rebajas fiscales de más de veinte puntos, por otro.
Dejemos los ejemplos concretos, que son varios y del mismo calibre que los que personaliza José Manuel Entrecanales, que no se reducen a miembros considerados de la derecha de toda la vida, y vayamos al fondo de esas dudas europeas que afectan a su propia esencia y a su futuro como espacio competitivo en el mercado mundial, y que afectan cada día a España por el coste de su deuda al tenerla de forma permanente en la frontera entre los que "han caído" en los rescates y aquellos que todavía permanecen por encima de la línea de flotación, con un crecimiento que es la mitad del crecimiento del país líder, que es Alemania, y un paro que es más del doble que el de los países que marchan en cabeza.
Si a perro flaco todo se le vuelven pulgas, a Europa sus problemas financieros se le complican con tema personales en las cúpulas de los organismos que, como el FMI, deben tomar decisiones. La última, la detención del director general de este organismo, Dominique Strauss Kahn por supuestos abusos sexuales, que puede cambiar el criterio de ayudas a los países que las han solicitado y poner en más aprietos a economías como la griega, la irlandesa o la portuguesa. Los 78.000 millones que necesita Portugal, más los sesenta mil que ha pedido Grecia y el aumento aún sin concretar de Irlanda, unidos a los recortes que piden los tres en los intereses, y el alargamiento de los plazos de devolución, colocan a la eurozona en un claro peligro de ruptura financiera y el regreso a las tesis de las dos velocidades de desarrollo. Uno de los motivos básicos para la desconfianza entre los países miembros que ven como todo el programa de rescate financiero no está funcionando.
Asegura el todavía responsable del Banco Central Europeo, Jean Claude Trichet, que es impensable que un país abandone el euro para volver a su moneda anterior - en el caso de Grecia, el dracma - ya que esa medida no resolvería sus problemas y mucho menos los de los principales bancos acreedores que, casualidades de la vida, son alemanes. Siendo discutible la afirmación de Trichet y su defensa del papel que ha estado jugando el BCE desde el estallido de la crisis en 2007 con sus medidas anti inflacionistas mientras la mayoría de los países entraba en recesión, su mandato termina dentro de unos meses y su sucesor, el italiano Mario Draghi, será quien deba dirigir y gestionar los siguientes movimientos del Banco Central y aquí surgen nuevas dudas respecto a la capacidad real de Europa para mantener una estrategia diferente y competitiva respecto a Estados Unidos y China.
¿Quién es Mario Draghi dentro de la política monetaria y financiera mundial?. Para empezar el actual mandatario del Banco de Italia, cargo al que llegó en 2006, fue durante cuatro años el responsable de Goldman Sachs para Europa y antes y durante diez años el máximo responsable del gran programa de privatizaciones de Italia, tiempo en el que su futura empresa, Goldman Sachs, se quedó con todo el patrimonio inmobiliario del ENI. Para enmarcar más su figura conviene recordar que las “trampas” contables de que se acusa a Grecia y que le sirvieron para enmascarar su elevadísima deuda fueron diseñadas desde Goldman Sachs. Tal vez por esas razones y contando con que desde hace un cuarto de siglo la inmensa mayoría de los cargos económicos de los gobiernos de Estados Unidos van y vienen desde Goldman Sachs, incluidos el Tesoro y la Reserva Federal, la elección de Draghi cuenta con todos los parabienes de Washington. Y colofón de nombres propios: si Strauss Kahn es cesado de su cargo en el FMI y el número dos del Fondo, el estadounidense John Lipsky, no se va en agosto como había afirmado y se queda, el control de USA sobre los organismos financieros será casi total.
Se puede pensar que nombres y situaciones personales o empresariales no representan el fondo del problema, que no es otro que la falta de liquidez unida al elevado endeudamiento que se vive en Europa en general, tanto por parte de los estados como por parte de las entidades financieras, las empresas y las familias. No es así: son la imagen global del problema y sobre todo la imagen de la difícil solución al problema. Los estados, unos más que otros y España entre los que más han estado gastando por encima de sus ingresos durante más de una década. Llegaba el dinero a raudales a las distintas Administraciones públicas para hacer cualquier tipo de obra o inversión, sin exigentes controles presupuestarios pues esa abundancia servía para crecer, para crear puestos de trabajo y hasta para lanzarse a comprar entidades en todo el mundo. A las entidades financieras le ocurría algo parecido, y lo mismo cabe decir de empresas, familias y personas. Mientras tanto y para asegurar que en el mercado no hubiese escasez de instrumentos de pago o de intercambio financiero se lanzaron los más diversos derivados desde los llamados bancos de inversión sin apenas control por parte de los bancos centrales. Resultado: una enorme, gigantesca, inasumible burbuja financiera que terminó estallando en 2007 bajo la excusa de las hipotecas subprime norteamericanas.
Ahora nos encontramos con que en los países desarrollados y en especial en algunos de ellos la deuda que tienen es imposible de pagar y que las medidas para evitar la bancarrota y el estallido final del sistema requieren de soluciones que no están en los manuales. Y de ahí al “sálvese quien pueda” de algunos gobiernos y algunos partidos. El territorio más débil para afrontar el futuro dentro del concierto mundial es Europa, y dentro de Europa los llamados PIGS. De estos tres ya están intervenidos sin que esa intervención garantice su futuro y el de sus ciudadanos. El cuarto es España, que intenta salvarse. Y lo que le ocurre al resto es que es consciente de que nunca se quedaría el problema en el cuarto: seguiría en el cinco, en el seis… hasta hacer desaparecer la Unión Europea y su moneda común.
De los problemas financieros se pasa a los problemas económicos y de éstos a los problemas sociales y políticos. Europa se convirtió en una zona monetaria común y quiso convertirse en una zona laboral común, con libre acceso de sus ciudadanos a
todos los países, eliminando las fronteras. ¿Qué ha ocurrido en los últimos meses?. Es bien sencillo: han desaparecido millones de puestos de trabajo por lo que la lucha por los que quedan y la conservación de los mismos desata fenómenos de xenofobia hacia los que compiten y vienen de fuera de “nuestros” territorios; y además las revueltas en el norte de Africa y Oriente Medio contra los antiguos dictadores “amigos”, saludadas con fervor como ejemplos de luchas democráticas han llevado a miles de ciudadanos de esos países a emigrar hacia Europa en busca de seguridad física y social. Consecuencia: El tratado de Schengen debe ser revisado y podemos encontrarnos con ciudadanos de primera, segunda o tercera categoría y con controles fronterizos que pensábamos desaparecidos para siempre. ¿La Constitución europea?. Ni está, ni se la espera. Bastante tienen los gobiernos europeos y los partidos que los apoyan con defender su gestión ante los más que cabreados ciudadanos e intentar que el castigo en las urnas, que les alejaría del poder, sea el menor posible.
En este contexto la aparición de los radicalismos es una de las consecuencias más lógicas. Saludamos desde Europa las revueltas y protestas de los jóvenes en Túnez, Egipto, Libia… por la falta de esperanza que tienen en su futuro, y reprimimos y nos cuesta aceptar las de esos mismos jóvenes en nuestros países en los que se enfrentan a futuros parecidos. Hablamos de recortar el estado del bienestar por inasumible financieramente y emprender unas profundas reformas laborales para poder competir mientras una élite se sigue repartiendo miles de millones en “complementos” salariales. Hablamos de que la sanidad no puede ser totalmente gratuita, que la educación no puede ser totalmente gratuita, que las Administraciones son pueden seguir creciendo y multiplicándose…Tal vez el sueño europeo haya llegado a su fin. Lo que es más seguro es que los españoles nos hemos despertado del nuestro.
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