Aguirre y el efecto Cascos
jueves 02 de octubre de 2014, 12:47h
No ha sido un buen año para esperanza Aguirre en su guerra oculta en el PP. Primero fue la pérdida de Caja Madrid a favor del candidato de Rajoy, Rodrigo Rato que desbancó a la candidatura del vicepresidente primero, Ignacio González. Después fue la dimisión de su “caballo ganador” en el mundo empresarial, Gerardo Díaz-Ferrán, a quien había apoyado con todas sus fuerzas para hacerse primero con la Cámara de Comercio de Madrid, la de mayor presupuesto de toda España, y a quien había colocado al frente de la CEOE. La debacle de Air Comet y de Viajes Marsans, acabó con las pretensiones de la presidenta madrileña de controlar la cúpula de los empresarios.
Y ahora, para remate, ha sufrido un nuevo varapalo en sus intenciones políticas al haber rechazado Rajoy la candidatura de Alvarez Cascos como candidato a la Presidencia de Asturias, a favor de su contrincante Isabel Pérez Espinosa. Aguirre había mostrado por activa y por pasiva su apoyo al ex ministro de Fomento y ex portavoz del Gobierno de Aznar, pero se ha llevado un nuevo chasco, aunque como obediente militante acabe aceptando –como ha hecho siempre- la disciplina del partido.
Esa obediencia ya la demostró tras el Congreso de Valencia, en junio de 2008, donde entró desafiante pregonando la caída de Rajoy, y acabó como gran perdedora frente al grueso del partido y de barones regionales que apoyaron al líder del PP, a pesar de su entonces reciente y nueva derrota frente a Zapatero. Al día siguiente, besó sumisa la mano de Rajoy, aunque a los pocos días decidiera echar de su Gobierno a su vicepresidente segundo, Alfredo Prada, que se había posicionado junto al presidente popular.
Habrá que ver, sin embargo, si el síndrome Cascos no acaba teniendo su efecto en el PP de Madrid, donde hay muchos ultras forofos de Aguirre que quieren empujarla para que se acabe enfrentando a Rajoy.