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El último asalto de ZP

jueves 02 de octubre de 2014, 12:47h

23/09/2010.- Si Tomás Gómez gana las primarias del socialismo madrileño a Trinidad Jiménez, el presidente del Gobierno estará al borde del KO en su último asalto político. Si las gana la ministra de Sanidad y se convierte en la candidata del PSM para enfrentarse junto a Jaime Lizavestky –seguro candidato al Ayuntamiento de la capital – al poderoso dúo que forman Esperanza Aguirre y Alberto Ruíz Gallardón, el líder del PSOE habrá ganado a los puntos pero tendrá que certificar la ruptura en dos de la formación que dirige. Y junto a él lo tendrán que hacer sus dos principales apoyos tanto en el Gobierno como en el partido: José Blanco y Alfredo Pérez Rubalcaba, los dos últimos auténticos “cerebros” del desembarco de Jiménez en la lucha interna por encabezar las listas electorales del próximo mes de mayo.

Sea cual sea el resultado de esta primera batalla de cara a las elecciones municipales y autonómicas, Rodríguez Zapatero sabe que su candidata deberá obtener más votos que los que obtuvo Rafael Simancas si quiere mantener el control del partido y hacer valer su decisión de cambio, contando con que la victoria de los candidatos del PP parece asegurada, tal y como de forma reiterada aparece en todas las encuestas. Y aún más: si se diera un resultado electoral que dejara al PP en minoría, el escenario para los socialistas sería muy complicado ya que debería conseguir todos los votos de Izquierda Unida y de la UPyD de Rosa Díez, que a fecha de hoy ha señalado que dejará gobernar al partido más votado, para poder formar gobierno.

Vencer, pues, internamente en Madrid solo representa un pequeño paso para la actual dirección del PSOE y del Gobierno que está viendo como todo el respeto y la obediencia e incluso el miedo que se podía tener al líder han desaparecido. Los barones regionales miran por sus propios intereses, desde Cataluña a Andalucía pasando por Castilla la Mancha y Extremadura. Tienen el convencimiento de que los problemas económicos y la mala imagen del Ejecutivo daña sus expectativas electorales de mayo y que pueden recibir en sus posaderas unas patadas que los ciudadanos dirigirían a otros protagonistas. Y junto a los dirigentes regionales está la vieja guardia del partido, la que se siente marginada y olvidada por Zapatero, la que cree que éste está traicionando los principios sacrosantos de la izquierda, la que está dispuesta a apoyar cualquier atisbo de rebeldía – como la realizada por Tomás Gómez en Madrid – con tal de golpear al hasta ahora omnímodo secretario general.

Muchos de esos dirigentes autonómicos y municipales creen que el PSOE va a perder los comicios generales del 2012 por causa más de la crisis económica y el enfado de los ciudadanos que por los méritos de la oposición. Y se están preparando para ese momento. No quieren que les ocurra lo que sucedió tras la derrota de Joaquín Almunia en 1996, que el partido se vino abajo y en un Congreso Federal sorprendente un desconocido como Rodríguez Zapatero se hizo con el poder. La “Nueva Vía” se prepara para una batalla interna que dejaría a la actual como si de una plácida merienda campestre se tratara. E incluso los más osados creen que en el 2012 el candidato del socialismo no será el actual inquilino de La Moncloa y lo que quieren es influir de forma decisiva en el nombre del sustituto. Pelea ésta en la que algunos incluyen al ex presidente Felipe González y colocan de candidato “ y presidente para cuatro años” a Javier Solana, una persona que contaría con buenos y sólidos apoyos tanto en el exterior como en el interior del poder y capaz, aseguran, de ganarle electoralmente a Mariano Rajoy. El esquema y el plan son muy de laboratorio y tiene pocas opciones de triunfar pero tal y como está el Gobierno y el PSOE en estos momentos todo puede ser posible.

Desde otros ámbitos políticos, financieros y empresariales se empeñan en comparar la situación de los socialistas con la que se vivió en el inicio de la Transición con la UCD de Adolfo Suárez, cuando desde dentro y desde fuera del partido se buscó la sustitución del jefe en un clima de desunión y banderías que acabaron también con la propia formación y permitió el triunfo por mayoría absoluta del PSOE de González y Guerra. También en aquellos días el candidato a la presidencia no fue el que estaba en el palacio de La Moncloa: ni Landelino Lavilla pudo recoger el esfuerzo de lo realizado hasta esa fecha desde el poder, ni Leopoldo Calvo Sotelo sacarle rendimiento a su más que aceptable gestión de apenas un año de gobierno.

Lo último que sobresale del galimatías socialista es que tanto Tomás Gómez como Trinidad Jiménez son “criaturas” del presidente. Ha sido Zapatero quien ha estado apoyando a Gómez durante todo este tiempo frente a los criterios de otros dirigentes como Blanco, y ha sido él quien ha llevado a Jiménez a la candidatura tras haberla colocado en el Ministerio de Sanidad. Es como si un boxeador subiera al ring sin contrarios, con sus manos enfundadas en dos guantes que serían las que de forma sucesiva golpearan su rostro. Casi hasta dejarle K.O.


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