En apenas nueve meses, dos graves accidentes ferroviarios en el corredor de alta velocidad entre Madrid y Andalucía vuelven a situar la seguridad de las infraestructuras en el centro de una pregunta insoportable: ¿cómo ha podido ocurrir otra vez? Habrá que determinar si en Urda intervino el factor humano, pero también qué mecanismos debían impedir que un error desembocara en una tragedia. ¿Puede haber una tercera o una cuarta? La mala respuesta es que sí, que es posible mientras no se identifiquen y corrijan las vulnerabilidades. Renfe e Iryo vuelven a ser las compañías implicadas.