La comparación con Richelieu, naturalmente, tiene más de metáfora que de reconstrucción histórica. El célebre cardenal francés fue mucho más que un colaborador de Luis XIII: convirtió la arquitectura del poder en un instrumento político y comprendió que gobernar también significaba dominar los resortes institucionales que rodeaban al gobernante.
Rollán no gobierna España ni dirige formalmente la estrategia del Partido Popular. Es, además, presidente de una Cámara que exige una determinada neutralidad institucional. Pero la evolución de esta legislatura demuestra hasta qué punto el Senado se ha convertido en una pieza esencial del tablero de Feijóo.
El episodio de estos días resulta especialmente significativo. El Gobierno y el Senado mantienen un nuevo pulso por las comparecencias relacionadas con la crisis migratoria de Ceuta. El PP ha reclamado la presencia de varios ministros y el Ejecutivo sostiene que comparecerá, aunque no necesariamente cuando la Cámara Alta pretende imponerle. Rollán ha advertido de posibles consecuencias ante las ausencias, aunque las herramientas jurídicas para sancionar un incumplimiento de estas características son limitadas.
Las elecciones generales de 2023 produjeron una paradoja política para el Partido Popular. Feijóo ganó los comicios, pero no consiguió reunir una mayoría suficiente para ser investido presidente. Pedro Sánchez sí logró articular posteriormente una mayoría parlamentaria y permaneció en La Moncloa. Aquellas elecciones dejaron al PP otro premio: una mayoría absoluta en el Senado.
Feijóo comprendió pronto que esa Cámara podía desempeñar un papel mucho más importante que el tradicionalmente reservado al Senado español. Para presidirla eligió precisamente a Pedro Rollán, entonces uno de los dirigentes de su máxima confianza dentro de la estructura nacional del partido. Rollán fue elegido presidente de la Cámara Alta el 17 de agosto de 2023 gracias a aquella mayoría popular.
Desde entonces, el Senado ha funcionado como una especie de segunda línea ofensiva del Partido Popular. Allí puede hacer cosas que en el Congreso dependen de una correlación de fuerzas mucho menos favorable:
- convocar debates incómodos para el Ejecutivo;
- obligar políticamente a ministros a dar explicaciones;
- retrasar o modificar determinadas iniciativas legislativas;
- crear comisiones de investigación;
- dar visibilidad institucional a presidentes autonómicos;
- y mantener abierta una agenda política paralela a la del Congreso.
Cuando Pedro Rollán llegó a la Presidencia del Senado ofreció una imagen deliberadamente institucional. Su mensaje inaugural hablaba de diálogo, moderación, consenso y de reforzar la Cámara como representación territorial. La propia biografía institucional del Senado sigue recogiendo esa voluntad de convertir la legislatura en una etapa de diálogo.
En octubre de 2025 llegó incluso a protagonizar un enfrentamiento directo durante una sesión de control al retirar la palabra al ministro Óscar Puente después de varias advertencias, en una muestra de hasta qué punto la presidencia del Senado había dejado de ser políticamente invisible.
La cuestión no consiste en determinar si Rollán vulnera o no la neutralidad institucional cada vez que interviene. Esa discusión dependerá de cada episodio. Lo verdaderamente relevante es observar cómo se ha transformado su función política.
El pulso con los ministros
El actual conflicto por las comparecencias ministeriales resulta especialmente revelador. El PP ha utilizado su mayoría para reclamar explicaciones urgentes sobre la crisis migratoria de Ceuta. El Ejecutivo acepta el principio de comparecer, pero cuestiona los plazos establecidos por la Cámara Alta y prefiere hacerlo primero en el Congreso.
El enfrentamiento puede parecer simplemente reglamentario. No lo es. En realidad contiene una pregunta mucho más importante: ¿quién impone el calendario político?
Feijóo dispone de gobiernos autonómicos, ayuntamientos, diputaciones y una mayoría absoluta en el Senado. Todo ello compone una estructura territorial e institucional desde la que intentar transmitir una idea fundamental: el PP no gobierna España, pero gobierna una parte considerable del poder político español. El Senado resulta especialmente útil porque pertenece al núcleo constitucional del Estado.