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Ni Europa, ni España pueden mantener su caracter de ONG para la emigración irregular
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Ni Europa, ni España pueden mantener su caracter de ONG para la emigración irregular

viernes 07 de agosto de 2026, 13:00h

La invasión, que eso es lo que fue la llegada de setenta mil personas a Ceuta, de una parte del territorio nacional, ha colocado a España ante el espejo de su presente y de su inmediato futuro, de la misma forma que lo ha hecho en Italia, en Francia y en Alemania, y por el mismo problema: necesitamos a los inmigrantes, pero no sabemos qué hacer cuando su número se convierte en un problema de largo alcance.

Los que llegan de forma regular y ordenada no representan ningún problema; son los otros, que son mayoría, los que convierten su presencia en una sucesión inacabable de batallas políticas, sociales y económicas; sobre todo cuando los que llegan son menores de edad, a los que las actuales leyes protegen, por un lado, pero no les ofrecen un futuro. Ceuta y esos cinco o seis mil menores que se agolpan ante las oficinas policiales para registrarse como tales irán a hogares de acogida en toda España —con mejor o peor aceptación por parte de los gobiernos autonómicos— y no sabremos qué hacer con ellos. Esa es la realidad que plantea a los gobernantes y a la oposición una misma pregunta: ¿son los Estados de la Unión una gran ONG de acogida ante la evidente falta de futuro de los jóvenes que llegan desde países en guerra o con serios problemas de desarrollo?

Ese debate sobre el futuro social, económico y político de Europa es el que debería abordarse en profundidad, tanto en el Parlamento de Estrasburgo como en la Comisión y el Consejo de la UE. Países distintos para problemas comunes y soluciones distintas. Con necesidades financieras e industriales muy diferentes que deben influir en los propios flujos migratorios. Ya no hará falta tanta mano de obra barata y sin cualificar, sino más técnicos formados para utilizar la domótica, la inteligencia artificial y la competencia global por la eficiencia robótica.

Traducido al problema concreto que se ha centrado en Ceuta, el noventa por ciento de los que llegaron no tenían futuro en nuestro país, como no lo tiene el noventa por ciento de los menores de acogida, que van a lastrar las economías autonómicas y los servicios sociales. Es injusto a nivel global; es injusto el exceso de riqueza acumulada en muy pocas manos; es injusto el elevado nivel de pobreza en la inmensa mayoría de los países. La realidad de cada día hace que se vea, pero que no se combata en su raíz. Ni por una formación de derechas, ni por una formación de izquierdas. La vista política tan solo alcanza a ver los sillones del poder que están en juego.

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