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La colmena rota de la izquierda española con muchas reinas y con el viejo árbol ideológico como nuevo sueño
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La colmena rota de la izquierda española con muchas reinas y con el viejo árbol ideológico como nuevo sueño

miércoles 08 de julio de 2026, 11:57h

Los cuentos políticos están de moda, pero en nada se parecen a los de hace cuarenta años. Ahora son sombríos y miran al futuro entre nubes grises y tormentas de acero y escombros. Es en ese escenario en el que la izquierda que quiso perpetuar la imagen idílica de la colmena feliz está en busca de los viejos árboles ideológicos en los que construir su futuro. Demasiadas reinas para disputarse el trono.

Tenían siete años cuando en la televisión pública apareció la inquieta, laboriosa y divertida abeja Maya, junto a su inseparable zángano Willie, el saltamontes Flip y hasta la malvada araña Teka. La serie que congregaba a los niños españoles ante la televisión la habían creado en Japón tres años antes y tenía como fuente un libro escrito por el alemán Waldemar Bonsels en 1952. Fue un éxito, con la voz de Matilde Vilariño como Maya y la banda sonora del checo Karel Svoboda. Una letra sencilla en la canción: el país era multicolor, ella, Maya, había nacido bajo el sol, era famosa en el lugar, volaba sin cesar y no había problema que no solucionara.

Había avispones, parecidos a los de ahora, escarabajos hartos de arrastrar pelotas de estiércol, ratones sabios y hasta una mosca, Puck, que no paraba de incordiar con su zumbido. La colmena pensó que conseguiría la felicidad del poder, con cada uno de sus componentes dedicado al oficio para el que había sido creado. Una sola y única reina, con los zánganos entregados a una única misión, fecundarla; y muchas obreras yendo y viniendo de flor en flor para alimentar el panal. Se equivocaron en casi todo.

Hasta aquí, el cuento que quiso convertirse en realidad desde la serie de televisión. Las abejas también, al igual que los avispones, tienen aguijón y las reinas no admiten competencia, sobre todo cuando han conseguido expulsar al rey. Para evitarla son capaces de matar o hacer huir a sus rivales. Yolanda Díaz era la única reina en esa colmena que es la izquierda radical española, una izquierda rota y de la que, más pronto que tarde, tuvieron que marcharse las otras abejas que esperaban compartir el poder. Ni Ione Belarra ni Irene Montero tenían nada que hacer en ese panal de rica miel presupuestaria y representativa que proporciona estar en el Gobierno y en el Congreso. El gran zángano Pablo Iglesias se marchó una vez cumplido su papel de fecundador político con la creación de Podemos. Su papel lo ocuparon otros, los que la propia reina ha elegido.

La biología de los insectos y la biología política se unen. A las posibles reinas se las alimenta con jalea real; a las que serán obreras y zánganos —estos últimos con una vida muy corta, dado su único papel—, con miel y polen. Cada uno de ellos cumple con su función, tanto en el mundo animal como en el político.

Victoriosa ante sus adversarias para mandar en la colmena que formaron Podemos, Izquierda Unida y el resto de formaciones diminutas de esa izquierda que, desde el inicio de la democracia, no ha tenido más remedio que estar bajo el dominio del PSOE, la Yolanda Díaz que se marchó de su primer panal político en Galicia para, vuelo a vuelo, flor a flor, sonrisa a sonrisa y beso a beso, conseguir el trono del desaparecido Sumar, hizo un retrato de la España que quería asemejarse a aquel país feliz y multicolor que describió Bonsels en 1952. Era un cuento para niños y, como todo cuento, llevaba dentro una enseñanza: volar libre es un deseo y una ambición legítima, y hasta necesaria, pero hoy, en España, en Europa y en el resto del mundo, los sueños, sueños son; el sol no sale de igual forma para todos y es necesario llevar una hoja de cálculo al lado cuando se hacen públicos los proyectos.

El panal que nació desde la Universidad ya no existe y las sucesivas migraciones de sus insectos hacen que apenas les queden fuerzas para encontrar el néctar de los votos. Muchas colmenas se van a quedar vacías en las próximas elecciones, sin reinas que estén dispuestas a fecundar más obreros.

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