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La tentación de la izquierda por imitar la CEDA de Gil Robles y crear la FDP
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La tentación de la izquierda por imitar la CEDA de Gil Robles y crear la FDP

jueves 26 de febrero de 2026, 11:35h

La retirada de Yolanda Díaz de la carrera para encontrar un liderazgo de cara a las elecciones generales (pero manteniendo su cargo de vicepresidenta en el Gobierno y su escaño en el Congreso) se suma a la propuesta de Gabriel Rufián de que la izquierda de todo tipo se una en una única candidatura en cada provincia. No es casualidad, ni mucho menos generosidad. A Díaz no la hubieran elegido para liderar el futuro y se lo habían dicho todos los integrantes de la coalicción de Sumar, menos los que se han quedado en Movimiento Sumar, desde Marta Lois y Lara Hernández hasta el que aparece como su heredero, Ernest Urtasun.

“Me retiro antes de escuchar que no me quieren”, es lo más exacto que se puede decir de su medio adiós. No estará al frente de ninguna lista electoral cuando se convoquen los comicios generales, pero en el caso de que Pedro Sánchez consiguiera mantenerse en Moncloa no es descartable que la política gallega vuelva a ser ministra. Apuesta personal y lógica en una persona que ha dedicado toda su vida al activism o político, dentro del ámbito sindical y marxista desde su Galicia natal.

La responsabilidad la tienen ahora los que se reunieron hace unos días en Madrid bajo el lema “ Un paso al frente”, en la que ya no apareció la vicepresidenta y sí nombres como el de Mónica García, Ada Colau, Alberto Garzón o Ramón Espinar junto representantes de Bildu, ERC y Compromís, la misma mezcla de siglas que consiguió 31 escaños en 2023, antes del adiós definitivo de Podemos y sus cinco representantes. No había diferencias programáticas, ni diferencias en los objetivos finales, lo que apareció entonces y se ha mantenido es un enfrentamiento personal entre Yolanda Díaz y Pablo Iglesias, que es el eje en el que se mueven tanto Ione Belarra como Irene Montero, por más declaraciones que hagan sobre la separación de voluntades.

La nueva izquierda, que quiere nacer para hacer lo mismo y con los mismo mimbres, corre el riesgo de caer en la imitación de lo que hizo, desde la derecha católica en 1933, José María Gil Robles con su invento de la CEDA (Confederación Española de Derechas Autónomas , una suma de 21 grupos regionales y locales que apenas duró cuatro años. Consiguió el gobierno de la derecha entre 1934 y 1936, para disolverse al comienzo de la Guerra Civil tras al golpe de Estado que dieron los militares sublevados bajo la dirección de Francisco Franco.

No hay nombre y sí muchos nombres, desde el propio Urtasun a Bustinduy o Lara Hernández. Será una pelea interna por la influencia de cada una de las fichas, tanto desde la Izquierda Unida de Antonio Maillo, hasta el Podemos de Belarra y Montero si, por fin, se deciden a ser parte del proyecto común o persisten en la división. Esa izquierda necesita la unidad y el PSOE de Pedro Sánchez necesita lo mismo. Si lo consiguen pueden tener una oportunidad de victoria parlamentaria de cara a una futura sesión de investidura, apoyados por el independentismo catalán y vasco; si mantienen la división serán las actuales reglas electorales las que den el Gobierno a Núñez Feijóo y Santiago Abascal, condenados a entenderse por más enfrentamentos que escenifiquen en estos días de cara a las elecciones en la vieja Castilla y los Ejecutivos autonóicos que faltan por cerrar. Nada es igual noventa años más más tarde, la CEDA murió por oportunismo y defender, curiosamente, lo mismo que hacen hoy tanto el PP como Vox. “Religión, familia y propiedad”. La Confereación Popular Democrática de Izquierdas - por ponerle un nombre - no puede utilizar ese camino cuando estamos en el siglo XXI y la Inteligencia Artificial está cambiando todos los esquemas de la sociedad del siglo XX.