La timidez de las reformas del mandatario norteamericano han hecho que aquellos que le votaron no estén ahora muy dispuestos a acudir a las urnas y dar a los demócratas el respaldo necesario en el Congreso y en el Senado. El furioso movimiento popular del “Tea Party” aprovechado y exacerbado por los republicanos puede hundir las expectativas futuras del primer presidente afroamericano de Estados Unidos, dejando en la cuneta incluso la iniciada reforma sanitaria. De lo abultado o no de su derrota en las dos Cámaras dependerá si Obama tiene un segundo mandato y si su “progresismo” queda orillado en el camino de los poderosos intereses de los lobbys empresariales.
Lo que está pasando en USA con los demócratas es aplicable en España a los socialistas: por un lado un hiperliderazgo que se desmorona, por otro una crisis que no cesa y que mantiene en el temor y la incertidumbre a millones de familias que ven como la economía de la calle se estanca mientras que la de las entidades financieras y sus ejecutivos vuelven a los mismos vicios que desencadenaron la catástrofe de hace tres años, y que se mantiene. Si se trata de escarmentar en cabeza ajena nuestro ZP tiene 18 meses por delante, o mejor tan sólo siete, para intentar que en las elecciones municipales y autonómicas no le ocurra lo que a Obama.
Por el lado del Partido Popular, el durísimo ajuste de la economía que ha lanzado el gobierno bicolor de conservadores y liberales que lidera Cameron en Gran Bretaña es el mejor de los escenarios para aprender que le podían ofrecer a Rajoy. Menos estado, más privatizaciones de servicios, menos funcionarios, más austeridad, recetas que nuestros populares quieren aplicar en su particular cruzada contra el viejo estado del bienestar que impulsaron los socialdemócratas al término de la II Guerra Mundial, y que ahora está puesto en cuestión por la propia mundialización de la economía y la dura competencia entre los propios estados.
Las reformas que impulsó Margaret Thatcher se han quedado pequeñas ante el aluvión de cambios que se avecina en el Reino Unido. Veremos cómo reaccionan los ciudadanos y si su flamante Primer Ministro resiste las lógicas respuestas que se van a dar en la mayoría de los sectores. También podremos comprobar todos el funcionamiento del “miedo social”, hasta qué punto los temores a perder lo que se tiene, poco o mucho, hace que la sociedad se amolde y acepte sacrificios que hace unos años serían inasumibles.
Matizaciones puede haber muchas y las hay. Una importante para el PSOE: que en Estados Unidos están creciendo por encima del dos por ciento y el gobierno tiene en sus manos la política monetaria de la Reserva Federal a la hora de “imprimir más dinero” para evitar la deflación e impulsar el aumento del consumo. Una importante para el PP: que en Gran Bretaña los conservadores ya han ganado las elecciones, que la política que quieren hacer es aquella que se encargaron de ocultar lo más posible antes de la cita con las urnas, y que ellos, también, manejan la libra fuera del sistema euro, el mismo que tiene sujetos a los países europeos en peor situación frente a la todopoderosa Alemania de Angela Merkel.
Volviendo a Zapatero y Rajoy y sus “vidas ejemplares” respecto a Obama y Cameron, tendrán que aceptar que sus propios destinos están sujetos a una espiral que les puede devolver dentro de año y medio al punto de partida en el que se inicio su pugna electoral: a las urnas del 2004, cuando todo estaba a favor del candidato del PP y las aspiraciones que parecían lógicas del aspirante se circunscribían a su permanencia al frente de su partido. Hoy, los militantes y votantes de PSOE y PP dicen en las encuestas que preferirían a otros nombres encabezando sus listas, que ni a uno, ni a otro se les quiere pese a que el candidato popular tenga todas las de ganar y el socialista todas las de perder. Están unidos en la percepción que de ellos tienen los ciudadanos, que los suspenden y con apenas décimas de puntuación. Zapatero puede quitarse del cartel electoral y dejar paso a Rubalcaba, a Chacón o a cualquier otro que elija el PSOE; Rajoy no puede, ni quiere hacerlo. Esa si es una diferencia.
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