Con todo, el Ayuntamiento de Madrid tiene actualmente la mayor deuda viva -bancaria- de una entidad local en España, más de la quinta parte de la total.
El problema no es tanto lo que se debe, que también, cuanto como afecta a quiénes son los deudores. No es lo mismo deber 100 millones a un banco con capacidad para poder refinanciar la deuda alargando plazos e incrementando intereses, que 10.000 euros a una pequeña empresa proveedora municipal que depende de ese cobro para hacer frente a la nómina del mes de sus trabajadores. Se entenderá la reflexión como demagógica pero es la pura realidad. El refranero español es sabio “quien gasta más de la renta que tiene, a ser pobre viene” y en el caso de la capital de España, los gastos superaron con mucho los ingresos hace tiempo.
No es culpa solo de las grandes inversiones en infraestructuras, necesarias a veces, sino del fin de una época que exige un nuevo modelo de financiación municipal. El desplome inmobiliario ha reducido a la mínima expresión el ingreso de efectivo en las arcas públicas. Si a ello sumamos el incumplimiento del Gobierno que se comprometió a obligar a las autonomías a ceder parte de su aumento de ingresos a los consistorios, la situación es desesperada.
Ahora la panacea gubernamental se llama “monopolios municipales”, una suerte de varita mágica para que los municipios puedan decidir explotar sectores empresariales en régimen de monopolio, de forma que los ingresos pasen directamente a las arcas municipales. Una pequeña pega inicial a la medida, de un lado los sectores privados quedarían fuera de ese juego empresarial provocando más paro y de otro se haría necesario incrementar aún más el tamaño de la ya gruesa administración local.
Parece que se trata más de “vestir un santo para desvestir otro” y que la medida puede no llegar a ver la luz en la futura Ley de Régimen Local que sigue avanzando a paso de tortuga.Fríos -o muy calientes- datos estadísticos de una deuda que, si se divide por la población de Madrid capital -que tiene 3,2 millones de ciudadanos- supone 2.080 euros por habitante, casi cuatro veces más que la media nacional. Mal de muchos es cierto, pero que no consuela las arcas del consistorio madrileño.
Cierto que a distancia le sigue el Ayuntamiento de Valencia con 992,9 euros por habitante. El de Barcelona -tercero de lista-, 476,5 euros por habitante. Zaragoza (1.036 euros por habitante); Málaga (1.092 euros por habitante); Sevilla (602,5 euros por habitante) y Córdoba, 752,2 euros por habitante.
Lo peor de todo es que ni Gallardón, ni Barberá, ni Hereu tienen la solución para paliar sus deudas municipales y ni Zapatero ni Aguirre, ni Camps, ni Montilla parecen poder pensar en global para actuar en local y ayudar a cicatrizar una de las mayores heridas de nuestra crisis económica.
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