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Los diputados críticos del PP van por libre y hacen la guerra por su cuenta

jueves 02 de octubre de 2014, 12:47h
Manuel Pizarro apunta a la falta de un secretario general que ponga orden, con mano dura, mientras Martínez Pujalte cree que Rajoy actuó muy tarde contra el tesorero del partido, Luis Bárcenas.
La Convención Nacional de Barcelona ha supuesto para Mariano Rajoy un respiro después de varios meses enredado en peligrosas polémicas focalizadas en torno al caso Gürtel y a la lucha por el poder en Caja Madrid.

Pero de la Convención ha quedado relegado –o directamente excluido- aquel sector de antiguos dirigentes que otrora pertenecieron al círculo más “intimo” de Rajoy que tras la pérdida de las elecciones generales de 2008 –que supuso para él una segunda derrota-, pusieron en tela de juicio su capacidad de liderazgo abriendo una grave crisis sin precedentes en el PP.

Salvo, si acaso, un par de excepciones, como las de Gabriel Elorriaga y Gustavo de Aristegui, que han preferido “pasar página” y olvidar sus desavenencias con el líder, el grupo de críticos sigue activo, pero no precisamente participando del día a día del Grupo Popular que lidera Soraya Sáenz de Santamaría, un tanto cansada de que las estériles polémicas internas ensombrezcan el intenso trabajo diario que realizan en el Parlamento.

El que más se ha vuelto a significar es el ex ministro de Ciencia y Tecnología de Aznar, Juan Costa. Empujado por la defenestración que ha sufrido su hermano Ricardo en Valencia, Costa sigue pretendiendo abanderar ese descontento contra Rajoy que evidentemente existe. Es bastante habitual ver de nuevo a Costa junto a otros “críticos”, como el zaplanista Vicente Martínez Pujalte, que no se ha mordido la lengua ni con el caso Bárcenas –fue el primero en opinar que debía dejar su cargo de tesorero-, ni con el “culebrón” de Caja Madrid.

Otras optan por estar calladas, pero dejan ver a todas luces que no comulgan con la política “marianista”. Tal es el caso de Ana Torme, otra ex zaplanista, y el de la madrileña Cayetana Álvarez de Toledo, que pese a que es miembro de la dirección del grupo parlamentario no suele acudir a las reuniones que convoca Sáenz de Santamaría.

El último “espontáneo” que no ha ocultado su malestar por la forma tan “sui géneris” que tiene Rajoy de solucionar los problemas internos, ha sido su flamante fichaje como número dos de las elecciones generales, Manuel Pizarro.

El empresario hizo recientemente unos “ilustrativos” comentarios dejando ver que en todo grupo humano tiene que haber un “líder” que va por delante seguido de un secretario general que “ponga orden” porque si no “el ganado se desparrama”. De manera más gráfica, Pizarro explicó: “El pastor es muy importante pero tiene que haber un perro que muerda”. Unas declaraciones que no parecen que hayan sentado muy bien a la dirección del PP.
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