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El embajador en Marruecos, Luis Planas, fue candidato a dirigir el CNI

Por Fernando Jáuregui
jueves 02 de octubre de 2014, 12:47h
Los militares ganan en los servicios secretos después de que tanto Aznar, con Jorge Dezcallar, como Zapatero con Alberto Saiz, intentaran poner más civiles. El primero fracasó en el 11-M y a Saiz se le rebelaron los espías
Tras las experiencias de Jorge Dezcallar, primero (fracaso en la detección del 11-m) y Alberto Saiz, después, algunas voces aconsejaron volver a la dirección militar para los servicios secretos españoles (CNI). Y se designó al general Félix Sanz Roldán, que había sido el ‘número uno’ de los ejércitos, el JEMAD, un cargo que desempeñó a satisfacción de casi todos, comenzando por la familia militar.

No era el único candidato: en el Gobierno barajaron, antes que el suyo, el nombre del embajador en Marruecos, Luis Planas, que estuvo en Europa en los gabinetes de Solbes y de Manuel Marín y que está desempeñando su difícil embajada, dicen en Exteriores, con indudable acierto, pese a ser ajeno a la carrera diplomática. Planas tiene, como responsable de las relaciones con el siempre incómodo vecino del sur, una enorme responsabilidad en cuestiones de información y son bastantes los agentes que operan, de manera abierta o encubierta, en territorio marroquí, no siempre, claro, dependiendo de la embajada en Rabat. De la misma manera que Marruecos cuenta con bastantes agentes de información en España, desde luego.

Aseguran que el titular de Exteriores, Miguel Angel Moratinos, tenía mucho que opinar sobre la designación de Planas como director del Centro Nacional de Inteligencia. Como aseguran que tuvo bastante que decir cuando se designó a la que fue directora de Inteligencia del CNI, que antes operó en Oriente Medio bajo la coordinación del hoy jefe de la diplomacia española. Pero tanto la directora de Inteligencia como el de Operaciones, este sí militar, tenían los días contados tras la salida del polémico Saiz. Y la historia de los ‘universitarios/as civiles’ en los puestos de mayor responsabilidad en el CNI no ha dado siempre los resultados apetecidos: los militares demostraron estar mejor preparados en no pocos casos. Y, de todas maneras, parece que no siempre ha sido afortunada la convivencia entre civiles y militares en el ‘edificio estrella’ de la Cuesta de las Perdices.

Y, así, militar fue la solución final para la sucesión de Alberto Saiz. Recientemente, el general Sanz Roldán, que había estado propuesto para el mando militar de la OTAN, lo que se frustró por razones de política internacional –España estuvo ‘hibernada’ en la última etapa Bush--, cumplió sus primeros cien días al frente del CNI.

Cien días de discreción y, aseguran, de pacificación en las revueltas aguas del espionaje español, que es bastante más competente de lo que los patinazos de algunos de sus responsables permiten imaginar.
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