Al presidente del PP no le quiere el presidente fun-dador de su partido, ni el presidente de honor de su partido, ni la mayoría de los dirigentes de su partido, ni la gran mayoría de los votantes de su partido, ni la mayoría de los medios de comunia-ción pero, aún así, Mariano Rajoy permanece al frente de la oposición y puede conquistar el ansiado palacio de La Moncloa dentro de un par de años. Su objetivo diario es sobrevivir y mantenerse al frente de los popu-lares mientras ve como los mismos que quieren convertir en ceniza sus sueños de gloria se van quemando en cada una de las esquinas del camino. Unas veces por combustión espontánea y otras por su peculiar forma de administrar los silencios y los tiempos cuando los enemigos y adversarios aprietan.Manuel Fraga tiene más que cumplido su ciclo político y sus reflexiones sobre los liderazgos en Madrid y Valencia tie-nen ya poca validez dentro de las filas del partido por más que esteriorice que quiere más a la alcaldesa Barberá que al presidente Camps y al alcalde Gallardón que a la presidenta Aguirre; José María Aznar está mucho más vivo pero arrastra un peso que le lastra de forma insoportable: sus reacciones ante los atentados del 11-M y sus dos últimos años de gobierno como herencia hacia el candidato Rajoy; Esperanza Aguirre y Alberto Ruíz Gallardón se anulan entre sí desde hace cuatro años y la posible alianza entre ellos, que sería imbatible dentro del PP y de cara a unas elecciones generales se ha convertido en un imposible metafísico, una quimera en la que los odios perso-nales entre los núcleos duros de ambos dirigentes hace impo-sible el más mínimo de los acercamientos; Francisco Camps, que pudo y quiso jugar a ser la tercera vía, bastante tiene con salvar su propia candidatura en la Comunidad Valenciana pese a que las encuestas demuestran, hoy por hoy, que todos los escándalos del caso Gürtel apenas han mermado los votos de su partido; de entre los demás barones regionales, incluido el emergente Núñez Feijóo, ninguno está en condiciones de disputar un liderazgo nacional; y queda el último de los gran-des centuriones que llevaron al PP a ganar las ya históricas elecciones de 1996, el que pasaba por ser el heredero natural de José María Aznar pero al que éste postergó sin más explicaciones, Rodrigo Rato.El vicepresidente y director general del FMI, que pudo reinar en el centro derecha español, está a punto de sentarse en el sillón de mando de la cuarta enti-dad financiera del país y entrar en una vía paralela a la de la política. Al fren-te de Caja Madrid, dentro de dos o tres meses - que es lo que puede durar el mecanis-mo sucesorio de Miguel Blesa - Rodrigo Rato no es que no pueda volver a la dirección de los populares, es que posi-blemente no quiera hacerlo y prefiera pasarse los siguientes diez o doce años, hasta su total jubilación, sin tener que tragarse unos cuantos sapos cada mañana.Visto así el panorama de la oposición, al registrador de la propiedad que hoy diri-ge el Partido Popular no le quedan adversarios a los que derrotar o de los que preocu-parse, por más escándalos que salten a su alrededor y entre lo suyos.Salvo que aparezca algo que le afecte de forma personal, ya ha demostrado que es capaz de aguantar hasta los próxi-mos comicios autonómicos y municipales del 2011, y en esas elecciones es muy difícil que pierda algo de lo ganado y muy fácil que consiga alguna plaza que hasta ahora no tienen los populares, como podría ser el gobierno de Castilla La Mancha a través de Dolores de Cospedal, la número dos del partido que ha dejado bien claro en estos días tener el puño de hierro bien envuelto en sus guantes de seda.
Incluso los medios de comunicación que menos le quie-ren, pero que también se posicionan a favor de una futura victoria del PP, no tendrán más remedio que apo-yar a Mariano Rajoy cuando se presente la cita con las urnas. Les pasará lo mismo que a millones de votantes de ese partido, que tendrán que elegir entre apoyar a un candidato que no les gusta pero que el que en esos momentos tienen o dejar que los socialistas con Rodríguez Zapatero al frente consigan una tercera victoria tras comenzar a salir del túnel de la recesión, con lo que el político leonés podía estar en condiciones de batir el récord de permanencia en el poder central que ostenta Felipe González.Todo el resto se queda en conjeturas, deseos y posibilidades. Ya pueden los posibles votantes del PP preferir a Rodrigo Rato o a Ruiz Gallardón; ya pueden pensar varios o muchos dirigen-tes del PP que sus probabilidades de victoria serían mayores con otro líder al frente; hoy por hoy no existe en el centro dere-cha nadie con poder y credibilidad como para echar a Rajoy del lugar que ocupa, ni para hacerle frente en en Congreso extraordinario que, además, la actual dirección del partido no va a convocar.Es verdad que el mejor de los candidatos del PP para los inte-reses del PSOE es Mariano Rajoy, pero la política y las urnas y los ciudadanos han demostrado hasta la saciedad que nada está resuelto, ni decidido hasta que no se cuentan los votos. El resto son estadísticas.
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