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El fin de los días

jueves 02 de octubre de 2014, 12:47h
Promovido Rodrigo Rato a la condición de can-didato único por parte del Partido Popular para presidir Caja Madrid tras la retirada de Ignacio González, y nombrado Antonio Clemente nuevo secretario general del PP valenciano en sustitu-ción de Ricardo Costa, tal parece que los líderes populares en ambas Comunidades autónomas han preferido tomar las iniciativas que les pedían desde la sede central de la calle Génova antes de que el látigo interpuesto de Dolores de Cospedal castigara sus espaldas.En la película protagonizada por el actual gobernador de California, Arnold Schwarzenegger, “El fin de los días”, el diablo siempre pendiente de conquistar el mundo de los seres humanos, nunca era destruido por ser inmortal y regresaba cada mil años para volver a intentarlo a través de la fecundación diabólica de una virgen. Para cerrar las puertas a ese mundo de sombras, el héroe no dudaba en inmolarse sobre la espada de un angel.Mariano Rajoy, que ama el ciclismo pero no el culturismo y no ha sido nunca mister Universo, puede presumir de que con su advertencia bíblica sobre la paciencia, su partido ha vuelto a la normalidad y está a punto de expulsar al demonio de las intrigas, las zancadillas, las ambiciones y los complots fuera de su mundo por unas cuantas semanas, al menos. En Madrid ya no debería haber ningún problema para que el alcalde Ruiz Gallardón retirara su impugnación del sistema electoral para la Caja de Ahorros, eso sí a cambio de un acuerdo intermedio en la representación del cupo que posee la Casa Real y la acepta-ción de una sanción para su número dos por las declaraciones sobre el Gobierno regional y Esperanza Aguirre, su presi-denta. Y en Valencia, salvo que aparezcan nuevas evidencias o testimonios sobre el caso Gürtel, Francisco Camps habrá conseguido dividir de nuevo a los barones territoriales, mante-niendo el apoyo de valencianos y castellonenses, y teniendo en frente a los irreductibles zaplanistas de Alicante.Si todos los problemas que estrangulan internamente al PP se solucionasen con tanta facilidad habría que pensar que toda la tormenta se ha desarrollado en un vaso de agua. Lo cual no es cierto por más que durante unos días los dirigentes del partido intenten presentar esa imagen ante los ciudadanos. Al margen de la madrileña guerra por controlar Caja Madrid – en la que falta por conocer cual va a ser la postura del PSOE, de los sin-dicatos, de Izquierda Unida y de los impositores de cara a la elección última del sucesor de Miguel Blesa – las diferencias, recelos y animadversiones entre Espe-ranza Aguirre y los suyos y Alberto Ruíz Gallardón y los suyos es insalvable y aparecerá más pronto que tarde con ocasión de cual-quier otro roce de compe-tencias que se presente. Eso en cuanto a los temas exter-nos de la vida ciudadana. En los internos el problema gordo se va a presentar a la hora de elaborar candidaturas y listas para las elecciones autonómicas y municipales, con la propia presidencia y la alcaldía de la capital como ejes de la batalla.Aguirre y Gallardón están condenados a repetir candi-daturas y falta por saber hasta qué punto desde la dirección nacional se va a dejar a la pre-sidenta de Madrid, que controla el partido, colocar los nombres en las distintas listas. Por estatu-tos, salvo en la capital, tiene todo el poder para hacerlo y puede ser un momento para pasar facturas de apoyos y desavenencias o para integrar o intentarlo a todas las voces del centro derecha. Una buena parte de su triunfo o fracaso en las urnas dependerá de esos gestos. Un triunfo o fracaso que se extendería en los meses siguien-tes hasta los comicios generales del 2012, en los que Mariano Rajoy juega su propio match ball al frente de los suyos.Antes, una y otro, Aguirre y Gallardón, van a tener que afrontar otro examen no menos duro: el de cambiar, modificar o revolucionar sus equipos. Si Camps en Valencia ha dejado definitivamente fuera del poder a Ricardo Costa, pese a que en un principio pensase en incorporarle al Gabinete tras salir de la dirección del partido, Gallardón puede que tenga que afrontar algo parecido con Manuel Cobo, mucho más su alter ego que el ya ex secretario general del PP valenciano respecto al pre-sidente de la Generalitat. Y Aguirre, que esperaba el desplaza-miento de su segundo de a bordo hacia la Caja de ahorros para remodelar a fondo su equipo de gobierno, tendrá que decidir si mantiene a González a su lado – que será lo más probable – con cambios a otros niveles incluso en la propia estructura organi-zativa, o se vuelve aún más audaz de lo que tiene demostrado y le da una vuelta completa al calcetín de su equipo.
El daño que todos estos episodios hayan dejado en el primer partido de la oposición habrá que ir viéndolo en los próximos meses. Sin duda es importante. Madrid y Valencia eran los dos mejores escaparates del PP y las tormentas que les han asolado han sido terribles para sus dirigentes. Francisco Camps tiene una tarea difícil por delante: recuperar su imagen, su credibilidad y su prestigio ante los ciudadanos y antes los militantes y votantes de su partido. A su favor: que la oposición socialista es endeble y también está en entredicho dentro del propio PSOE valenciano. A Esperanza Aguirre y a Ruiz Gallardón les ocurre algo parecido, con más ventaja para el alcalde que para la presidenta dado que es más fácil para el PP conseguir la mayoría absoluta en la capital del estado que entre los 179 municipios de la Comunidad.Mariano Rajoy ya sabe que su particular “ fin de los días” no llegará hasta que de las urnas de las elecciones generales, allá por el año 2012, no salga el veredicto de triunfo o fracaso. Mientras, todos aquellos que le podían disputar el liderazgo se van quemando por el camino.


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