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Cacería política

jueves 02 de octubre de 2014, 12:47h
Muy duras tienen que haberse puesto las encuestas para los socialistas en Galicia y el País Vasco como para que el presidente del Ejecutivo acepte la dimisión de su ministro de Justicia a seis días de la consulta electoral. El fiscal Mariano Bermejo, con su presencia en la cacería junto al juez Garzón le proporcionó al PP de Rajoy la mejor de las bazas posibles para salir del hoyo en el que se encontraba por las otras tres cacerías previas a las que asistíamos desde mediados de enero, éstas sí políticas y no cinegéticas, y que iban desde espías a corrupciones. Si Rodríguez Zapatero y José Blanco han dejado que el polémico ministro deje el cargo es por el miedo a perder todo lo que el PSOE había ganado en las dos comunidades autónomas que acuden a las urnas: de mantenerse en la presidencia de la Xunta y poder conquistar el sillón de Ajuria Enea, el socialismo ha visto las orejas al lobo y ha decidido que era mejor entregar a los adversarios una dura dimisión que ofrecerles cada día un editorial en los periódicos, una imagen en la televisión y doscientas opiniones en la radio y unas cuantas de miles en los foros de Internet. Bermejo, así, se convierte en la mayor pieza cobrada, muy por encima del ex consejero madrileño López Viejo, del ex alcalde de Boadilla, Arturo González Panero o del ex presidente de la Comisión de investigación de la Asamblea de Madrid, Benjamín Martín Vasco.Lo que parecía un tiro al blanco con las figuritas de feria en forma de dirigen-tes del Partido Popular, desde Madrid a Valencia, con una pose de toda la Ejecutiva de Rajoy que parecía asistir a un velatorio, se ha transformado en apenas unos días en un pelotazo en toda regla al ninot que ya preparan en las Fallas valencianas. Toda una lección para los estrategas de campaña y para los asesores de los partidos: lo inesperado, tremendo como los atentados del 11-M o anecdótico como la presencia cinegética de un ministro y un juez en un momento clave de una instrucción judicial, puede cambiar el sentido del voto de los ciudadanos y activar o desactivar la presencia en las urnas. Y con ello darle la victoria a unos o a otros.En enero, con la denuncia periodística de una guerra de espías en el interior del PP madrileño comenzó la primera de las cacerías políticas entre los dos grandes partidos, que tenían en la cita electoral del uno de marzo en Galicia y Euskadi su escenario de referencia. Los cazados se convirtieron rápidamente en cazadores y Esperanza Aguirre, que se tambaleó en los primeros días del escándalo, consiguió mantener a sus dos mejores tiradores en sus puestos, sacó el tema de la órbita nacional del Partido Popular y lo llevó a la reserva de la Asamblea de Madrid, en la que pese a controlar todo el proceso no ha tenido más remedio que entregar la cabeza del primer presidente de la Comisión de Investigación. Bien es cierto que no por los avatares de esta primera cacería, sino por la presencia del parlamentario Benjamín Martín Vasco en la segunda de las aventuras cinegéticas que estamos viviendo, ésta de mucha mayor altura y pilotada por el juez Baltasar Garzón y que entra de lleno en los territorios de las presuntas prevaricaciones, los cohechos, las tramitaciones irregulares y los enriquecimientos ilícitos. Aquí las piezas a cazar son mucho más importantes por lo que las armas que se emplean son de mucho mayor calibre.
Está luego la tercera de las cacerías, la que organiza la fiscalía anticorrupción y que parece estar en sus inicios, sin que sepamos a ciencia cierta si las piezas que se persiguen son auténticos trofeos medallas de oro o simples liebres y perdices que pasaban ante los puestos de las escopetas. Y cuando se inicia la batida aparece como si del bálsamo de Fierabrás se tratara la cuarta, la que ha hecho estragos entre los primeros cazadores hasta tal punto que ha trastocado toda la estrategia cinegética, con grandes víctimas que se han disparado a sus propios pies, léase el juez Garzón y el ministro Bermejo. Los dos han sufrido serios quebrantos públicos: el magistrado tuvo que ser hospitalizado por un ataque de ansiedad que se confundió con un posible ataque al corazón; y el ministro dimitía ante el acoso constante de los medios de comunicación, la campaña de la oposición y las opiniones críticas de destacados dirigentes del propio partido del Gobierno, desde Jerónimo Saavedra a Patxi López y José Bono.Si en Galicia Núñez Feijóo gana por mayoría absoluta y en Euskadi el actual lendakari se mantiene en Ajuria Enea, tanto Touriño como López culparán de ello al ministro Bermejo, de la misma manera que si ocurriera lo contrario sus adversarios del PP echarían las culpas de la derrota a sus correligionarios de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre y Alberto Ruíz Gallardón por sus batallas internas. Y lo que parecía un capítulo más de la tragedia cotidiana de Mariano Rajoy como líder de su partido, y del mantenimiento de Zapatero en el Olimpo se trastocará en todo lo contrario: don Mariano tendrá vía libre hacia el 2012, mientras que don José Luís estará obligado a mover ficha de inmediato y adelantar la prevista remodelación de su Gabinete, antes incluso de las elecciones europeas del mes de junio.

El rumor de los rumores de la Villa y Corte.- Les puede sonar tan raro, tan difícil, tan improbable e incluso imposible como a mí, pero se lo cuento para que comprueben hasta qué punto las tertulias de la Villa y Corte tejen y destejen sin parar “soluciones” a la crisis económica: un banquero de los grandes, con influencia personal en los dos protagonistas de esta historia, intentaría convencer a los dos políticos de lo bueno que sería para el país un cierto gobierno de “concentración” en el que el presidente Zapatero aceptara como número dos del Gabinete y titular de Economía y Hacienda, con plenos poderes, a Rodrigo Rato. Ya se que esas cosas sólo ocurren en Francia, en Alemania o en Estados Unidos. Pues por eso.


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