www.cronicamadrid.com
Podemos se queda con el encefalograma plano
Ampliar

Podemos se queda con el encefalograma plano

La huída de Pablo Iglesias deja al partido morado sin cabeza y una Yolanda Díaz que puede ser la caricatura de Inés Arrimadas cuando se marchó el otro superego de Albert Rivera

Podemos literalmente se ha quedado sin cabeza pensante y va a entrar ene una dinámica muy parecida a la que sufrió Ciudadanos cuando Albert Rivera dio por terminada su carrera política convencido de que ya era imposible dar el sorpasso al Partido Popular. Incapaz de soportar la derrota, el catalán decidió marcharse a sus asuntos, lo mismo que ha dispuesto ahora Iglesias sin que nadie dentro del partido se haya atrevido a criticarle nada. Eran dos superegos, dos machos alfa, que no aceptan perder ni al parchís.

No éramos muchos los que ya habíamos vaticinado que el líder morado no iba a durar mucho en la política y creo que él mismo lo ha pensado en varias ocasiones antes de su decisión final. Por ejemplo cuando vió los problemas de Alexis Tsipras, que tras arrollar a los socialistas y llegar a gobernar, tuvo que someterse a los designios del capitalismo europeo.

Los cuatro meses que estuvo en casa cuidando a sus hijos a principios de 2019 le convencieron de que en su partido no había nadie capaz de tomar la más mínima decisión y que Podemos se iba reduciendo cada vez más hasta convertirse prácticamente en un partido madrileño con satélites en algunas pocas autonomías.

Fue entonces cuando sufrió la traición de Manuel Carmena -alentada por sus consejeros aúlicos de “El País” que intentaron unirla con el PSOE- y tuvo que volver a la carrera para enfrentarse él solo a las elecciones de abril de 2019 con aquel cartel que rezaba simplemente “Vuelve”. Los datos finales conseguidos el 28 de abril le convencieron de que a pesar de haber salvado los muebles ya no iba a poder gobernar y volvió a pensar en irse.

Iglesias tomó la decisión de ir preparando su marcha ese mismo verano y así se lo comunicó a Yolanda Díaz que anunció inmediatamente que dejaba Izquierda Unida para ser la sucesora. Curtida en mil batallas en el seno de IU, la ministra de Trabajo tiene otro perfil y sus aspiraciones son mucho más pequeñas que las de Iglesias. Por lo pronto ni siquiera tiene prisa por asumir el liderazgo de Podemos.

Si Sánchez no se hubiera agarrado a su cuello para hacer el gobierno de coalición tras las elecciones del 10 de noviembre, la marcha de Iglesias de Podemos hubiera sido más dramática. Una vez comprobada la realidad de que tampoco desde el gobierno se puede cambiar casi nada de lo prometido, Iglesias pensó en hacer su última jugada: salvar a Podemos de Madrid, fagocitar a MásMadrid y darle el gobierno a Gabilondo para poder irse más tranquilo, dejando a sus chicas/os -incluido el cada vez más curioso ex jefe de la Jemad, Julio Rodríguez- colocados.

Una campaña centrada en las subidas de impuestos y un apoyo a los separatismos ha dado más alas al madrileñismo y españolismo de la lideresa del PP, Isabel Díaz Ayuso a la que solo le ha faltado pedir la independencia de Madrid para llevarse a todos de calle.

La jugada le ha salido mal, pero Pablo Iglesias ya había tomado la decisión de irse y la derrota le demostró que a lo máximo que puede aspirar ya Podemos es a sustituir a la vieja Izquierda Unida para quedarse en el mejor de los casos en la veintena de diputados en las próximas elecciones generales.

Una vez más, tomada la decisión, se ha vuelto a ver que nadie de su partido se ha atrevido a sugerirle la más mínima oposición a sus grave decisión, como ocurrió cuando decidió comprarse una chalet de 600.000 euros en Galapagar que provocó que hasta loa prendas sueca le retratara con un titular que rezaba “No vive como predica”.

La falta de experiencia y de capacidad de los activistas de Podemos formar un verdadero partido ha sido la causa de su crisis, agravada por la marcha de los anticapitalistas y de Más Madrid, y que salvo un milagro ya no tiene arreglo con la marcha del líder.