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El rodillo de Sánchez funciona
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El rodillo de Sánchez funciona

Su estrategia consiste en convencer a sus interlocutores, ya sea Ciudadanos (10 diputados), o ERC (13), el PDeCat (4), Bildu (5) o el PNV (6)–según se de el día- para sacar adelante sus proyectos de Ley- de que peor es no hacer nada y así “a pico y pala”

Lo decía el ministro José Luis Abalos, secretario de Organización del PSOE, “hemos sacado adelante los Presupuestos con una mayoría holgada” y todo lo que este Gobierno presenta sale adelante, qué más queremos. Pedro Sánchez está demostrando que para que un ejecutivo saque adelante sus planes no hacen falta los rodillos parlamentarios de los que se valieron otros gobiernos anteriores, tanto del PSOE como del PP, ni es necesario recurrir a decretos gubernamentales.

El “rodillo” parlamentario de Sánchez consiste en convencer a sus interlocutores, ya sea Ciudadanos (10 diputados), o ERC (13), el PDeCat (4), Bildu (5) o el PNV (6)–según se de el día- para sacar adelante sus proyectos de Ley- de que peor es no hacer nada y así “a pico y pala”. Como decía Esperanza Aguirre, ha conseguido sacar adelante un proyecto de Ley tan polémico como el de la Educación, que durará, como los anteriores, lo que dure el gobierno porque las leyes educativas que hace el PP no le gustan al PSOE y viceversa.

La ley Celaá no es tan agresiva contra los colegios concertados como gritan los diputados de Pablo Casado, ni va a cambiar nada especialmente en las Comunidades donde desde hace mucho tiempo –prácticamente desde la aparición de las Autonomías- el castellano se ha convertido de hecho en la segunda lengua.

El catalán es ya la lengua popular en su territorio, pero lo mismo pasa con el balear y el valenciano sin que nadie proteste tanto. El gallego igual y el euskera lleva camino poco a poco porque no es tan fácil. No hace tantos años, los lehendakaris tenían que ir a clases de vasco. A ningún gobierno del PSOE o del PP les preocupó tal cosa en tiempos de Felipe González o de Aznar.

Hace ya también mucho tiempo que para ser funcionario de cualquier clase en estas Autonomías se exige el conocimiento del idioma, lo que está muy bien visto por sus ciudadanos ya que de esta manera los catalanoparlantes o los gallego parlantes, tienen preferencia en los concursos laborales. Pero eso mismo ocurre también en Alemania o en el Reino Unido.

Hay una fuerza centrífuga de las autonomías –no solo las que tienen idiomas diferentes al castellano- que va a más aunque solo sea por el efecto de los políticos y funcionarios locales que prefieren ser cabeza de ratón que cola de león. Se trata de una forma de defender sus intereses personales, de la misma manera que en el Estado centralista anterior, los madrileños defendían la colocación de los Ministerios en su ciudad.

La Ley Celáa no va a resolver ninguno de los graves problemas que tiene la educación en España, un sistema que se ha quedado anquilosado y que en ocasiones se ha convertido más en un aparcamiento de niños y jóvenes que en una forma de enseñanza y de promoción hacia el futuro.

Y si la enseñanza básica se ha quedado muy atrás ante los cambios del mundo, no digamos nada de las Universidades mastodónticas –cada ciudad reclamó al comienzo de la transición su propia sede universitaria- con muchas enseñanzas y títulos que no se corresponden con las exigencias actuales. Cinco o seis años de estudios relativamente gratuitos –si logras plaza en la Universidad Pública- para luego tener que endeudarse en hacer un master que normalmente comercializan las propias empresas que ofertan los puestos de trabajo.