Wert, resiste
Wert, resiste
Al ministro le han puesto en la diana. No hay acto público en el que no le piten. No hay convocatoria en la que no le saquen el franquismo, como si fuera un heredero de aquel Villar Palasí que inventó la selectividad y que pasaba por ser el más elitista del régimen franquista. A Wert, que ha moderado su verbo en estos últimos meses, todas las cañas se le han vuelto lanzas, y los becados y los premiados le retiran el saludo, y hasta uno de los “camisetas verdes” le ha sacado la mejor nota de la selectividad en Madrid. Con Wert se ha abierto de par en par el frente de la educación, y la izquierda ha hecho un “casus belli” de cuestiones como las notas de la universidad, el acceso a las becas, los presupuestos de educación y la calidad de la enseñanza. La izquierda española tiene entre sus trofeos de caza a Pilar del Castillo, y ahora repite cacería contra Wert, el ministro políglota, el menos capaz en el gabinete de hacer amigos. Ya lo dijo Rajoy: “yo estoy en la política para hacer amigos”. Para lo demás ya tiene a Wert, por eso es improbable que le cambie por alguien menos quemado. A Rajoy le gusta fumar puros, para luego jugar con las cenizas.
Echenique, chef de la tele
Me lo cuenta alguien que conoce bien el medio y sus pliegues: Echenique ha tenido su cargo pendiente de un hilo, colgando de los gorros de cocineros de Master Chef, su programa estrella. Alguien se lo dijo al llegar al cargo: necesitas un programa que sea el emblema de tu mandato, un poco como lo fue Operación Triunfo, como lo ha sido también Cuéntame. Leopoldo, Polo para los amigos, se puso a mirar entre las ofertas de las productoras y se decidió por las cocinas: programa familiar, programa de esfuerzo y superación, concurso que reúne a toda la familia frente al televisor. Master Chef lo tenía todo. Pero el precio era alto: un millón doscientos mil euros por programa. Si, han oído bien. Con ese coste por edición las audiencias no estuvieron a la altura en las dos primeras entregas. El miércoles no funcionaba. Había que hacer algo antes de que se convirtiera en problema, antes de que llegara al parlamento como pregunta dirigida a la yugular. Lo cambiaron al martes, lo pusieron al lado de la Champions, y el programa remontó el vuelo. Luego bastó que se diera cuerda a algún concursante con gracejo, y el resto ya fue rodado. Echenique respiró. Su cargo estaba salvado por un grupo de cocinillas y un jurado con aspecto áspero.
Basagoiti se presenta
Fiesta en un ático de Madrid, a muchos metros sobre el suelo, donde casi no llega el calor del asfalto. Busco entre los invitados y me encuentro a Basagoiti, sonriente, relajado, con ese aspecto que ha tenido siempre de brillante opositor, de chico bien, de esos que gustan a las señoras como yerno. En otra esquina un célebre abogado comenta: “ahí está, después de haber hundido al PP del País Vasco ahora se pasa a la banca”. No estoy muy de acuerdo con mi interlocutor, pero dejo pasar el comentario sin darle más importancia. Hablar desde lejos de Bilbao es demasiado fácil, aunque Basagoiti tiene el mismo aspecto en esta magnífica terraza, sobre los tejados de Madrid, que el que lucía como jefe de los populares del norte. Ha tomado el relevo Arancha Quiroga, que esta semana se ha despachado a gusto contra los de las tramas que han vivido en torno al PP: unos iban a los funerales, ha dicho, mientras otros se forraban y cargaban sus cuentas en Suiza. No le falta razón, pero detecto cierto grado de hipocresía, porque en el PP casi todos sabían lo de sobres, lo de los sobresueldos, y las compensaciones. De todas formas está bien exhibir ese músculo contra los corruptos. De otra forma todo sería complicidad. Ahora que los casos de corrupción amenazan a toda una clase política, se contempla con alivio que haya quien aspire a tomar el relevo cuando los demás salgan hacia los juzgados.
Letizia y la pequeña infanta
Algo le pasa a Letizia, que no sonríe, que no disimula su disgusto, que no hace nada porque no se le note que no tiene ninguna gana de presidir actos oficiales y menos si tiene que tener a unos metros a la infanta Cristina, culpable según la Princesa de casi todos los males que aquejan a la familia real. ¡Menuda herencia! Letizia no sonrió ni con gesto forzado en el aniversario de la muerte de don Juan de Borbón. Nada. Todo en ella fue rigor, y cara de vinagre. Al Príncipe no se le termina de ver incómodo, porque Felipe es un profesional. Alguien de la casa del Rey había aconsejado que la infanta Leonor acudiera con sus padres a la misa en honor de don Juan de Borbón, pero Letizia se puso en contra y no hubo manera. Es la obsesión de la madre porque sus hijas tengan una vida normal, y estén siempre alejadas de los focos, fuera de la curiosidad pública. “No quiero que mis hijas sean unas taradas”, le confesó no hace mucho a un profesional con quien tiene un trato esporádico. Y por eso Leonor no fue a la misa. Y quizá por ese duelo en el que Letizia se opuso tenía tan mala cara en la misa. Ni comulgar hizo, en un gesto que queda anotado.
Belén estudia
Algo está cambiando España, que no la va a conocer ni la madre que la trajo al mundo, como dijera Alfonso Guerra, cuyas memorias veo todos los días en el escaparate, intactas. Belén Esteban se ha puesto a estudiar para aprobar el carné de conducir, para aprender inglés, para ser una mujer cultivada. Belén ha ganado peso, unos quince kilos, y ya ha tenido problemas con un mono reventón que le estalló en un acto de promoción de una marca de telefonía móvil. Belén habla menos, hace yoga y practica técnicas de relajación, lo cual nos vendrá bien a todos. Sus kilos son un síntoma de salud, y me tranquiliza que haya engordado, porque en sus últimos tiempos en televisión mi madre llamaba a casa todos los días para expresar su angustia por esos huesos descarnados, ese rostro enjuto, esa mirada febril. “Esa chica no está bien”. Me lo decía como si yo pudiera transmitir su preocupación radical. Ahora que ha ganado peso se siente aliviada, como de quince kilos. Pero la novedad de verdad es que Belén estudie, que no es cosa de que la crisis la haya enviado a las aulas, sino producto de su estado mental, más sereno. Otros toman el relevo y veo estos días a uno que se llama Desirée, rechoncho y ajamonado, hablar de sus amantes, y de lo mal que lleva su padre su travestismo. En fin, que no nos dejan descansar.
A Sofía le pitan
Y eso provoca la alarma en la casa del Rey, porque la Reina, hasta ahora, era la perdedora de esas batallas de palacio en las que se juega con cuernos, con dinero, con rencillas familiares. La Reina iba al Cristo de Medinacelli y las mujeres de Madrid le gritaban piropos. La Reina se ponía a pedir en el día de la banderita, y recaudaba más que nadie. La Reina se ponía en bañador en el verano de Mallorca para desgranar confidencias con Letizia, y todos decían lo bien que se llevaban, y esas cosas. Pero amigo, esto ha cambiado, y la Reina se ha visto salpicada por el estado de descomposición de la familia, por los negocios de su yerno, por su apoyo incondicional a su hija. Todo lo que sea poder se lleva en este tiempo su ración de abucheos y de silbidos. Lo que más me ha sorprendido es el tipo de público que ha levantado la voz contra la Reina. Los que van al auditorio no son perroflautas, ni gente sin educación. Más bien al contrario, son cultivados, y solo abuchean cuando un tenor desafina de forma escandalosa, cuando un violín se duerme en un concierto. Hasta ahora no se habían vuelto hacia los palcos. Señal de que el hartazgo ha llegado hasta las capas altas de las clases medias.
Berlusconi, addio
Lo da la radio, ufana: a Silvio le han condenado a cárcel y a inhabilitación por el asunto de Rubi, aquella jovencita marroquí con la que el primer ministro jugaba a los médicos, a los policías, y a lo que saliera. La condena es en primera instancia, y habrá recurso, pero lo importante es que la carrera política del cavaliere se ha terminado, y ese era el objetivo fundamental de los procesos abiertos contra él. Ya lo dijo su ex mujer: Silvio es un hombre enfermo que necesita tratamiento. El golpe de los jueces, a los que Berlusconi siempre ha acusado de formar parte del frente comunista contra él, le deja fuera de juego, y obligará a cambiar el gobierno, que ahora se queda cojo, sin el apoyo del sátiro Silvio.