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Aguirre se multiplica


Las fotos de Letizia

Pongo la tele a media tarde, cosa que no hago casi nunca. Me han avisado de que Tele5 va a poner unas fotos ocultas de Letizia, la princesa, unas fotos de cuando no era realeza, sino solo cosa real, sustancia que diría Aristóteles. Así que asisto a la enésima estafa de Paolo Vasile. Las fotos no son tales. La cadena presenta cuatro dibujos a los que han puesto las caras de Letizia y su primer marido, en situación de boda. La audiencia pensaba que iba a asistir al desvelamiento de algún pasado oculto, quizá como musa de algún pintor, o fotógrafo. Pero nada de nada. Una porquería. Del pasado de la señora se sabe ya todo. Hasta hemos tenido tiempo de comprobar que ha habido muchas invenciones, mucha fantasía, demasiada mixtificación. Peñafiel dejó claro en la emisión de esa farsa que la única foto que nos falta por ver es la de Letizia como promotora de unos cigarrillos en sus años de periodista en prácticas de Méjico. Y poco más.

El indulto de Gallardón

Reformas e indultos. Es el programa de Alberto Ruiz Gallardón. Es como si el hombre hubiera deseado decretar una amnistía, un perdón general, ahora que él es ministro de justicia. Algo así como lo que hacían los reyes el día de su coronación, que sacaban a los presos a la calle para volverlos a ingresar unos meses después. El tic indultador del ministro ha llegado al escándalo con el caso de un condenado por conducir en dirección contraria y matar a un joven que viajaba por el sentido correcto con su novia. El joven José Alfredo Dolz perdió la vida, y el kamikaze fue condenado a trece años de prisión, de los que ha cumplido apenas uno. Cuando al ministro del Interior le preguntaron por el indulto, Jorge Fernández reconoció que era excesivo, y que tendrán que andar con más cuidado. No hay ningún caso de indulto revocado. Este debería ser el primero, porque nos deja una desconfianza radical en la justicia.

Estalla lo de Bárcenas

En un país de salarios menguantes y recortes generales, lo de los sobresueldos que pagaba Bárcenas en nombre del PP es un escándalo mayúsculo, corrosivo, letal. El PP siente que el suelo se le abre bajo los pies, y sus diputados y cargos no pueden salir a la calle por el riesgo de que alguien les diga cuatro cosas. Bárcenas pagaba, y muchos en el partido y fuera de él lo sabían. Y el PP mira para otro lado, dice que no le consta, que Bárcenas ya no está entre los suyos, y que no tienen que dar ninguna explicación. Pero la ciénaga es tan sucia y ponzoñosa que ese discurso dura apenas unas horas, el tiempo necesario para saber de quién viene el golpe, y el alcance real de los daños sufridos por una bomba que ha estallado en Génova y que amenaza con dejar vacíos los despachos y los escaños. El Pp debe aclarar de dónde venía el dinero, quién lo cobró, y si lo declaró a la Agencia Tributaria. Y si los que cobraron se saltaron alguna incompatibilidad. La disolución general de lo público, ha alcanzado a los partidos, a todos.

Aguirre se multiplica

Y mientras en Génova intentan parar este tsunami, vemos que Aguirre, Esperanza, sale en las teles y en los diarios casi tanto como cuando era presidenta de la Comunidad de Madrid. Aguirre en Segovia con Carromero, Aguirre en un chat en un diario, Aguirre que es contratada por una empresa de cazadores de cerebros, Aguirre que habla de esto y de aquello. A Esperanza no le afecta la huelga de Telemadrid, ya no necesita el canal que dirige de nuevo Sánchez para tener sus minutos de gloria todos los días en los medios. Hasta le vienen bien las meteduras de pata de Botella, que es una mina la señora, un celemín de errores, un continuo despropósito, con una capacidad insólita de meterse en líos. Esperanza, ejecutiva del talento, le dijo a quien le ha contratado que se lleva lo mejor. Ha llegado a un momento vital de una autoestima inconmensurable. Espe debe de pensar que Aguirre es lo mejor que le ha pasado al PP de Madrid en muchas décadas.

Amenazas a Jordi

Lo peor que puede hacer el PP en el trance de Bárcenas es amenazar a un programa de televisión. El gran debate le dedicó la noche a los populares y a las cuentas del ex tesorero. Se pusieron las botas. Y en Génova 13 no debió de gustar la emisión, porque Jordi dijo en antena que habían recibido algunos mensajes de dirigentes populares en los que les anunciaban querellas. Ya se sabe que cuando se llama en pleno directo es porque el programa te está provocando un sarpullido de escozor insoportable. En el debate se dijeron algunas cosas que rozaban el delito. Cosas del directo, del calentón, de la temperatura del debate, pero un político de fuste debe tener la cabeza fría y dejar pasar estos asuntos, como si fuera agua de la riada. De lo contrario se corre el riesgo de darle un prestigio al programa que antes no tenía. Recuerden que esto hace unos meses era La Noria, y que ya nadie se acuerda de que se convirtió en un programa maldito por haberle pagado una pasta a la madre de un acusado de asesinato. En Tele5 le cambiaron el nombre, dejaron morir al anterior, y todo siguió en su sitio, con los mismos presentadores, como el mismo formato, los mismos contertulios. Toda una lección.

Botella se enreda

Ahora con las juventudes de su partido. Hacía tiempo que no veíamos una capacidad de torpeza similar, ese continuo pisar charcos, meterse en guerras inútiles, dispararse en el pie con una escopeta de cañones recortados. Botella tiene una extraña capacidad para la ocurrencia, y para quedarse perpleja al comprobar lo que ha dicho. Proponer una supresión de las juventudes, y la obligatoriedad de haber hecho algo en la vida laboral y profesional antes de entrar en la política es cuestionar a buena parte de nuestros dirigentes, que apenas han dado cuatro pasos en el partido y ya quieren un puesto con coche oficial dos secretarias y una paga vitalicia en el momento que dejen el cargo. Se supone que las juventudes de los partidos son una escuela de robinsones, un seminario para hacer la mili, para dejarse la piel sin cobrar, una escuela de austeridad. El problema, querida Botella, no está en la juventud, sino en los aparatos partidarios, y en quienes los dirigen.

Jorge Trías y los sobres.

Sincero y valiente, Jorge Trías, abogado, ex diputado popular, confiesa en la prensa lo que sabe de los sobres. Lo sabe todo. En sus tiempos se repartían, y el sobresueldo fue una institución en tiempos de Álvarez Cascos. Ya el PP no puede decir que no sabe nada. El propio Trías invita a los suyos a poner luz en la bodega y revisar papeles para ver de dónde venía el dinero, y a quién iba, y si los receptores declararon los sobresueldos o no. Trías dice que ha subido muchas montañas con Bárcenas, alpinista suizo, con quien tiene una vieja amistad de cordilleras. Así que ahora solo nos queda que saquen la lista, y Hacienda haga su trabajo, y los jueces el suyo, y los electores, el de todos.
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