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Los huevos de Monago

Mi amigo Jerónimo León Abadín, al que sigo echando de menos cada vez que necesito tener con alguien una conversación inteligente, era un extremeño que no aguantaba en silencio la mínima coña sobre la tierra que le vio nacer.
Su espíritu libre le había convertido en un hombre tolerante, su basta cultura le significaba como un ciudadano de un mundo sin fronteras, y su mente analítica le permitía discernir entre lo importante y lo insustancial, pero su pasión por su Extremadura natal le transformaba en un defensor irredento de una causa fuera de toda discusión.

Me consta este último extremo porque, aunque leía con gusto lo que yo escribía – de la misma forma que yo admiraba lo jodidamente brillante que era cada vez relataba algo que tuviese que ver con los jueces, los políticos, la literatura o el arte – no me salió gratis una alusión inoportuna que hice un día sobre su tierra.

Extremadura es demasiado grande en su historia y en sus gentes, y sin embargo ha estado durante demasiados años preterida y a la cola del desarrollo económico como para que haya graciosos impertinentes que cuestionen su derecho a pelear por ser cada día mejor.

Digo esto porque, conociendo a mi amigo Jerónimo entiendo al Presidente de la Junta, José Antonio Monago que es bombero y está cachas, y le ha dicho al alcalde de Barcelona que “si tiene cojones que le repita a la cara que Extremadura no debe tener un AVE cuando en Cataluña no hay dinero para otras infraestructuras más necesarias y rentables”.

Sigo sin entender la manía de algunos políticos nacionalistas que se empeñan en desmerecer a las regiones más pobres España y en criticar cualquier inversión que se haga en ellas, sobre todo si ellos tienen pendientes otras obras en su Comunidad Autónoma, con el argumento de que con “su dinero” se hacen cosas fuera.

No es ésta una prueba de la solidaridad inter regional contemplada en nuestra Constitución pero tampoco lo es de sensibilidad ni de inteligencia política, porque en la gran Cataluña hay muchos extremeños que trabajan, consumen y votan, pero sobre todo no es una señal de respeto a una región de gente a la que le asisten los mismos derechos que al resto de los españoles.

La advertencia de Monago creo que no era una metáfora sino más bien la expresión cabreada de un extremeño apasionado por su tierra.
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