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Un gobierno gris y de amigos

26/12/2011.- El parto del Gobierno de Rajoy ha sido más bien decepcionante para los observadores políticos que esperaban más novedades y más pesos pesados en las principales carteras ministeriales. Al final, salvo el caso de Alberto Ruiz-Gallardón que no se sabe por qué va a dirigir Justicia, todo lo demás era tan previsible que resultaba tonto diagnosticarlo. Prueba de ello fueron los 20 segundos que el presidente del Gobierno del PP tardó en leer sus nombres y marcharse por donde había venido sin aceptar ni una sola pregunta de las decenas de periodistas que esperaban su primera rueda de prensa. Es decir, Rajoy en estado puro, a los periodistas ni agua.
Por una cuestión de buena urbanidad, la mayor parte de los políticos de la oposición han despachado al Gobierno con un mutismo revelador, pero nadie confía en que estos ministros vayan a descubrir nada nuevo. Por decirlo de alguna manera el primer Gobierno de Rajoy es como una mezcla de miembros de su equipo más personal y un conjunto de segundones del que tuvo Aznar hasta 2004, comenzando por la adjudicación de la vicepresidencia y Ministerio de Presidencia a Soraya Sáenz de Santamaría, que hasta ahora no había tenido ninguna responsabilidad ministerial y que por ahora lo único que ha podido hacer es trasladar el equipo que tenía en el Congreso a La Moncloa con José Luis Ayllón a la cabeza para dirigir precisamente las relaciones con las Cortes.

La cartera de Exteriores ha ido a parar a un abogado especializado en temas de Bruselas, José Manuel García Margallo, que a su vez se ha buscado como secretario de Estado de la Unión Europea a un ex socio de su antiguo bufete de abogados, Iñigo Méndez de Vigo, barón de Claret, para que todo quede en casa. Tal ha sido la improvisación que Margallo no ha tenido más remedio que mantener al director de Gabinete que tenía su antecesora Trinidad Jiménez, Juan Ignacio Sell, por aquello de tener un guía que le introduzca en los problemas exteriores.

Increíble para muchos también el nombramiento de Ana Pastor en Fomento, cosa que habrá abierto las carnes a más de un gran constructor, como Florentino Pérez o Esther Koplowitz, que a estas horas estarán pensando cuál es el mensaje que les ha querido enviar Rajoy colocando a una “outsider” al frente de las inversiones: o bien que se han acabado las grandes obras, lo cual sería la ruina para todos ellos, o bien que cualquiera que quiera algo va a tener que ir directamente al presidente del Gobierno a pedírselo. El nombramiento de Ana Pastor, que se ha pasado las dos últimas legislaturas haciendo relaciones públicas -entre ellas acompañar a Manuel Fraga a las comidas y demás saraos- tiene mucha semejanza al que hizo Esperanza Aguirre en 2007 cuando colocó al frente de Urbanismo y Vivienda a Beatriz Elorriaga, que cada vez que le tocaba firmar una obra o una adjudicación se presignaba por si acaso.

Todo lo contrario que su número dos en Fomento, el secretario de Estado de Planificación e Infraestructuras, Rafael Catalá, que proviene del equipo de Montoro en Hacienda y al que el otro abogado polifacético, José María Michavila, ascendió a la secretaria de Estado de Justicia en el último Gobierno de Aznar. Luego Esperanza Aguirre tuvo que rescatarle para darle trabajo como gerente del Hospital Ramón y Cajal, de Madrid, y es miembro del patronato de la Fundación Codere del rey del juego José Antonio Martínez Sampedro.

La Economía, que debía haber sido la estrella del primer Gobierno de Rajoy, ha quedado dividida entre ultraliberales y los marianistas del equipo de Cristóbal Montoro. De los prrimeros es Luis de Guindos, profesor del Instituto de Empresa, uno de los centros de la nueva ingeniería financiera y ex presidente de Lehman Brothers para España y Portugal antes de que la entidad norteamericana quebrara y diera comienzo a la crisis financiera mundial. Ahora llevaba los servicios financieros de la auditora PricewaterhouseCoopers.

De Guindos tampoco se ha roto la cabeza pensando en grandes novedades en su equipo: su número dos ya fue asesor del socialista Solbes en 1993, Fernando Jiménez Latorre, que ascendió con Rato a Defensa de la Competencia y ahora a secretario de Estado de Economía. Es decir, más de lo mismo. Al igual que el subsecretario de Economía y Competividad, Miguel Temboury, que fue jefe del Gabinete de Acebes en Interior cuando los atentados del 11-M en Madrid y que pertenece a una larga saga de altos funcionarios del Estado -de los liberales que siempre protestan del estado pero que siempre viven de él- hijo del antiguo gobernador civil de Avila, Pedro Temboury y embajador en Niger, conde de Labajos. Además se lleva como jefa de Gabinete a Rosa Sánchez-Yebra, la misma que tenía en 2004 cuando era secretario de Estado de Economía.

La única nota discordante en todo este panorama económico tan gris será el nuevo secretario de Estado de Comercio, Jaime García-Legaz, actual secretario de la Fundación Faes, que fundó y dirige José María Aznar, y que ha promovido la libertad de horarios comerciales que tanto bien ha hecho a los grandes almacenes frente al pequeño comercio familiar.

Como Mariano Rajoy ha dicho que el director de orquesta económico va a ser él mismo, cobra cierta relevancia -al igual que ocurrió durante un tiempo con Zapatero cuando tenía como asesor a Miguel Sebastián- el nombramiento como jefe de la Oficina Económica de La Moncloa de Alvaro Nadal -también de familia de altos funcionarios liberales- que estuvo de consejero económico en la embajada Española en Israel, país con el que las relaciones comerciales no son gran cosa. Y que gozó de una beca que le dió en su día Rodrigo Rato para formarse en Estados Unidos. Su hermano, Alberto Nadal, es el actual vicesecretario de Asuntos Económicos y Laborales de la patronal CEOE y fue secretario de Comercio Exterior en 2001.

Mas previsible han sido si cabe los nombramientos de Cristóbal Montoro como ministro de Hacienda -es decir para controlar el gasto- que a su vez se ha llevado casi a los mismos que tenía en su equipo cuando ocupó este Ministerio con Aznar: Antonio Beteta, que será como secretario de Estado de Administraciones Públicas, el cancerbero de las Comunidades Autónomas, papel que ya hizo en su anterior estancia en el Ministerio, y Pilar Platero, ascendida a subsecretaria de Hacienda y que había sido directora del Gabinete del secretario de Estado de Presupuestos.

La nueva ministra de Empleo, Fátima Báñez, ha sido una especie de sombra de Cristóbal Montoro durante toda la legislatura y la incorporación del canario José Manuel Soria, el que se dejaba el bigote para parecerse a Aznar- a un Ministerio híbrido con Energía y Turismo, que no pegan ni con cola, parece fruto solo de un juego de nombres y de agradecimientos personales. Lo mismo que volver a poner a su íntimo amigo Miguel Arias Cañete al frente de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, que ya tuvo algunos problemas periodísticos en su anterior mandato con Aznar precisamente por su condición de terrateniente jerezano, casado con una Domecq. De hecho en su declaración de bienes en el Congreso queda como el más millonario de todos.

En el capítulo de agradecimientos personales y reparto territorial hay que incluir también el nombramiento de Jorge Fernández al frente de la cartera de Interior -de la que parece se desgajará Prisiones que pasarán a Gallardón- un íntimo amigo de Rajoy que siempre ha estado con él y que sobre todo aceptó los cambios que el líder del PP ha ido queriendo introducir en el partido en Cataluña.

José Ignacio Wert: el liberal decimonónico

Una de las caras más amables del nuevo Gobierno es la elección del liberal -que se reclama del pensamiento de los liberales del siglo XIX- José Ignacio Wert, director de Demoscopia una de las grandes empresas de encuestas electorales y muy cercano a “El País”, como nuevo ministro de Educación, Cultura y Deportes. De hecho Wert colaboró estrechamente con la ex ministra socialista González Sinde en la frustrada ley de control comercial de Internet. A José Ignacio Wert y a su número dos en el Ministerio, José María Lassalle, alguien les ha definido como “liberales marianistas” intentando hacer hincapié en que son fieles a Mariano Rajoy y no tienen ninguna relación con los liberales de Esperanza Aguirre.

Ana Mato deja el campo libre a Cospedal
La elección de Ana Mato como ministra de Sanidad, Asuntos Sociales y Consumo, es también la mezcla de dos objetivos muy concretos: el primero alejarla de la sede del PP en Génova para que la secretaria general del partido, Dolores de Cospedal, tenga las manos libres para formar su propio equipo. Era evidente la mala relación entre ambas mujeres del PP y al mismo tiempo Rajoy premia a una de sus mujeres de confianza con una cartera.

Gallardón se venga de Aguirre
La venganza, dicen los expertos, se sirve a destiempo y en plato frío. El encumbramiento de Gallardón como ministro de Justicia es una etapa más del final de la pelea entre el ex alcalde de Madrid y la presidenta de la Comunidad madrileña, que a medio plazo supondrá el fin de la era Aguirre y su sustitución al frente del PP madrileño. Los partidarios de Rajoy en Madrid, que llevan ocho años aguantando las tarascadas de los aguirristas que les tachan de “maricomplejines” quieren que el líder del PP tome medidas contra la lideresa cuanto antes, pero todo parece indicar que Rajoy, como en el caso de Camps, esperará a que sea la propia Aguirre la que acabe marchándose a su casa voluntariamente.

Pedro Morenés: la industria de armas
Hablar de la familia Morenés es sacar a colación a la alta sociedad vasca y a la industria de las armas. Pedro Morenés sigue así la saga de ministros de Defensa que inauguró y casi monopolizó Eduardo Serra, que fue el segundo con Alberto Oliart en los Gobiernos de Suárez, siguió en el mismo cargo con el socialista Narcís Serra en el Gobierno de Felipe González y que luego ascendió a ministro con Aznar, momento en que nombró a Pedro Morenés como su número dos. Cuando Serra es sustituido por Federico Trillo al frente de Defensa, Morenés pasa a ser secretario de Estado de Seguridad con Jaime Mayor Oreja en Interior, al frente de todas las compras de material para la Policía y Guardia Civil. Luego Josep Piqué le ficha también para su Ministerio de Ciencia y Tecnología, y al perder el PP las elecciones vuelve a la empresa privada para trabajar nada menos que en la industria de misiles MBDA, ligada a la multinacional europea de armas EADs