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Los ricos de Forbes se van a la guerra

27/10/2011.- La “muerte” cantada de Luis del Rivero, el flamante emperador del ladrillo hasta la semana pasada ha puesto en evidencia que la crisis económica ha desatado una guerra total entre los grandes empresarios españoles en una especie de “Sálvase quien pueda”, que al mismo tiempo tienen que hacer frente a una ofensiva de sus colegas europeos que también quieren sobrevivir na costa de los más débiles.
La guerra a muerte desatada entre los multimillonarios, financieros y demás protagonistas de la lista de ricos que hace todos los años la revista Forbes, no ha hecho más que empezar. Las protestas de Emilio y Patricia Botín contra las nuevas leyes financieras aprobadas por el Gobierno británico de Cameron no son más que la punta del iceberg de lo que va a ocurrir en la batalla sin cuartel donde sólo habrá finalmente un reducido número de vencedores. Hace un siglo la crisis económica hubiera provocado una guerra mundial, ahora los ricos se conforman con invadir territorios periféricos para hacerse con sus riquezas, mientras en la retaguardia dirimen sus diferencias estilo Al Capone en Chicago.

La batalla entre los multimillonarios españoles va por fases, en una primera los más grandes se comieron a los chicos: en el mercado inmobiliario, los nuevos ricos del ladrillo fueron los primeros en caer entre 2008 y 20010: Fernando Martín, el dueño de Martinsa, vio no solo como le echaban de la Presidencia del Real Madrid sino como le colocaban su imperio bajo control judicial en suspensión de pagos: Luis Portillo, el ex dueño de Colonial al que le acaban de quitar su finca La Altabaja, fastuosa finca que poseía en el parque natural de la Sierra de Hornachuelos y a donde iban las mejores y más ricas escopetas españolas a matar venados y un largo etcétera.

Víctima tardía de esta guerra ha sido Luis del Rivero, ex presidente de Sacyr Vallehermoso, que llevaba tres años tratando de salvarse de la quema tirando para arriba –como hizo también Mario Conde con el Banesto- e intentando alcanzar la cima de Repsol para sentirse a resguardo de las balas. Los banqueros le dijeron que no, que primero tenía que pagar la enorme deuda de 5.000 millones de euros que tiene con ellos desde que compró a crédito las acciones de la petrolera y cuando se negó pactando con la mexicana Pemex para echar a sus enemigos, ser encontró con la negativa de sus propios socios, Juan Abelló (el mismo que dejó tirado a las primeras de cambio a Conde) y Demetrio Carceller a secundarle.

Durante varias semanas trataron de persuadirle de que se rindiera, incluyendo la filtración a “El País” de su acuerdo con los mexicanos, y cuando vieron que se resistía a aceptar su defunción empresarial buscaron al “judas” de turno, en este caso su íntimo amigo y socio Manuel Manrique, para que le diera la puñalada en la espalda.

La segunda fase se libró en las oficinas bancarias y el resultado ha sido la ejecución sumarial de la mayor parte de las cajas de ahorro españolas, algunas de las cuales se resisten todavía a desaparecer. Esta batalla financiera en España no ha terminado y no lo hará hasta que finalmente queden solo tres o cuatro grandes bancos, muy posiblemente el Santander, el BBVA, Caixabank y un cuarto aún por definir. Todos los demás están condenados a muerte.

Pero tampoco Botín (Santander), Francisco González, presidente del BBVA e Isidre Fainè, (Caixabank) tienen asegurada su supervivencia una vez que se ha desatado la guerra financiera en Europa con nuevas exigencias de capitalización que beneficiarán sin duda a los bancos británicos, franceses y alemanes, como no podría ser de otra forma. Ninguno de los tres banqueros españoles tienen posibilidad real de presionar a Cameron, a Sarzkozy o a Merkel, como hacen normalmente en España con Zapatero o harán con Rajoy.

Hay que destacar que la deuda externa de los bancos privados españoles, cifrada en unos 800.000 millones de euros, es más del doble de lo que deben todas las administraciones públicas españolas, 314.000 millones, lo que demuestra hasta que punto es ficticia la obligación impuesta por los mercaderes al Gobierno de España de reducir su déficit, ya que el grueso de la deuda eterna está en los bancos españoles que ya deben al Banco Central europeo 130.000 millones. Para más inri de esos 800.000 millones que deben los banqueros al extranjero, más de la mitad (432.814 millones) son a corto plazo. En el caso del sector público, más del 85% está en préstamos a largo plazo. Es decir que el problema está en la banca privada no en las administraciones públicas, pero en vez de rebajar los sueldos a los directivos de la banca se baja la de los funcionarios públicos.